Así como la Escuela nace de la profundidad de lo Humano, su trabajo también se dedica a ésto, al Yo-Profundo y por añadidura a la Periferia.

El trabajo es sobre la esencia y no sobre la personalidad.

Esbozadas las funciones se puede comprender al hombre como un sistema de alimentación y eliminación:

IMPRESIONES I CORRIENTE NEVIOSA

AIRE E EXPIRACIÓN (ELIMINACIÓN DE CO2)

COMIDA M EXCRECIONES VARIAS

(SÓLIDO LÍQUIDO)

La energía circula por circuitos precisos que conectan a todas las funciones.

Cuando hace el pasaje por dentro de cada función, también se encuentra con un circuito interno idóneo. Es en ese momento y no en otro, cuando se trabaja sobre las funciones, como válvulas que regulan la energía. Aquí se registran las cargas y descargas energéticas y por ende se pueden producir las aceleraciones necesarias para que el pasaje de energía devenga en cambio cualitativo y cuantitativo.

Acelerada convenientemente cada función, la descarga se hace ascendente a otro nivel.

Normalmente los centros se limitan a trabajar en sus partes mecánicas así que para movilizar las partes más conscientes es menester dinamizar las energías de cada centro en él mismo y hacer circular en todos una energía de más poder. Esta acción de dinamizar y administrar energías más poderosas, lleva el pintoresco nombre de “shock”.

El centro Superior es el más beneficiado con este shoqueo, ya que no acostumbra a movilizarse mecánicamente sino en contadas ocasiones y con un mínimo de expresión.

Es decir, que el trabajo no se hace con mejorías de alimentos, aunque de hecho es saludable, sino por regulación y manejo de la energía fundamental; operación que se hace sobre las funciones ya que son las válvulas reguladoras de entrada y salida. El bombardeo así realizado, dinamiza la energía ya que marcha y transmuta la materia prima, llevando entonces a toda la máquina a un salto de nivel. Hecho que se expresa como de mayor conciencia.

En otros términos, se trata de ascensos de energía hacia partes inactivas, ya sean partes de centros diversos o específicamente el centro Superior.

Comprendido esto veremos someramente otros trabajos que se emprenden con parecida intención pero con resultados y métodos que no llevan a los propósitos fundamentales.

En primer lugar encontramos una extensa variedad de líneas sicológicas que en la actualidad se desparraman sospechosamente. Estas líneas, cada una a su modo, se desarrollan en la Periferia y sólo en la medida en que rozan el Yo-Profundo, a la esencia, es que adquieren una dimensión considerable. En tanto no traspasan la superficie, las cosas se entienden “desde afuera”, pro encima de la estructura del hombre. Estas líneas no sólo no aclaran demasiado sino que complican las cosas haciéndose algunas desviatorias del asunto fundamental. (1)

Luego de estas líneas más o menos oficiales, aparece toda una caterva de seudocorrientes, anunciándose a espaldas de las antes aceptadas; y así aparece una extensa gama de representantes de distintas sectas, neo-religiones, gurús, swamis, etc. que llevan a falsos trabajos con deterioro del practicante y con logros de conciencia inferior, crepuscular, a través de la autohipnosis general.

Sabemos además que la presencia de estas seudocorrientes se explica por la mente en fuga (2) de nuestros días, por esa conciencia mágica, emocionada que boga por la no-libertad y que ritualiza lo que en fondo es una simple técnica de conocimiento, un modo de operar o una manera de explicar el Universo.

La Escuela se organiza de mil maneras diferentes pero conserva una estructura infaltable, que es la formada por: métodos idóneos, instructores especializados, conocedores de la materia, una práctica en marcha y una gran cuerpo de gente que la integra perfeccionándose cada vez más en el proyecto básico, la liberación. Además goza de la reacción del medio ambiente y de un clima y ámbito que les son propias sin el cual y sin las herramientas que da, el proyecto montado sería imposible de llevar a cabo.

De todos modos, antes de seguir, no está de más ver algunas líneas que de alguna manera tocan el Yo-Profundo, la esencia humana, pero imcompletamente ya que tocan o bien el aspecto de la alimentación o los centros en forma aislada.

Entre las primeras, están las que se preocupan por purificar las impresiones, por el alimento “impresiones” haciéndose puristas en este aspecto que en definitiva sigue siendo externo a pesar del esteticismo que involucre. Luego hay numerosas técnicas respiratorias que mejoran la oxigenación sanguíneo-pulmonar, es decir el alimento “Aire” es más cualificado, pero igualmente es una concepción externa e incompleta. Luego aparecen los puristas de la alimentación sólido-líquida, que desvarían en sibaritismos inconducentes (como es el caso de los vegetarianos por ejemplo).

Todos estos señores descuidan la energía fundamental y por ende su manejo, cosa que se expresa en una manifiesta falta de tensión vital. No decimos que sea del todo inadecuado el mejorar las sustancias que se incorporan ya que su ulterior combustión redituará en una energía más cualificada; pero esto no roza el problema del ensueño, por ejemplo, que sí es un inconveniente serio para el despertar; y a menos que esto no las competa estarían con alguna corrección.

Luego, ya con más seriedad, encontramos aquellas escuelas impuras que atienden a aspectos parciales en sus doctrinas y trabajan también parcialmente en el aparato sicofísico. Están por lo tanto, en una profundidad mayor, pero también desconectados del resto del aparato, desvencijando la estructura.

Encontramos:

  1. los que trabajan sobre el intelecto, con intensas meditaciones o diversas formas de hipnosis, o combinando ejercicios motrices, danzas por ejemplo y operaciones mentales.
  2. Los que actúan sobre la emoción, escuelas yogas o devocionales y monjes acompañándose de posturas y respiraciones o cánticos, o especiales oraciones en ambientes especiales, también con humos, gases y adornados con sus imágenes.
  3. Las que ejercitan la motricidad, como el faquir por inmovilidad o el karateka con movimientos estudiados; a veces combinan con artes marciales o con danzas rituales.

Estos 3 casos sucesivamente expuestos, hacen algún desarrollo profundo, pero como está visto, sin abarcar la estructura en su integridad suprema.

Además en todas las seudolíneas expuestas, el concepto de preparación paso a paso en Trabajos Menores preparatorios en la primera instrucción y luego Trabajos Mayores, queda abolido, para exaltar una parte de sus técnicas, a veces muy elementales y de gran envergadura u otras muy difíciles que se hacen de imposible acceso.

En síntesis, no basta poner cuidado en los alimentos o en trabajos externos que en efecto logran algún resultado (ya sea por ayuno, superesfuerzos, ascetismos, respiraciones, etc.), pero el individuo cae luego del shock con deterioro de su máquina y sin manejo de su propio proceso, cuestión que se evidencia en falta de memoria y de conciencia.

Para finalizar el tema de las líneas que no hacen un trabajo de Escuela, queda por citar a las religiones externas actuales oficializadas o sin vigencia popular.

Hemos de saber que éstas se originaron en la Escuela pero se fueron exteriorizando cada vez más, hasta perder el contacto con lo trascendental. Así han quedado entre un carnaval de ritos, ídolos o leyendas y una burocracia eclesiástica, que más que ver con el despertar, tienen que ver con el roncar.

Sigamos con lo nuestro.

Los trabajos sobre las funciones pretenden dar suaves shocks para la toma gradual de conciencia y progresiva comprensión de la maquinaria (3). Es un trabajo de autoconciencia y de autoconocimiento. Los trabajos más avanzados son de manejo de energía y de pasos en meditación trascendental; por las dos vías son trabajos de índole transmutativa. Se trata de carga y descarga controlada en los puntos que el operador desea con el único objetivo del salto de nivel y no por fenomenismos relucientes. Este salto de nivel se hace con conciencia de sí y con memoria de proceso para no caer luego del salto a un nivel inferior, como pasa en las experiencias crepusculares. Para que esto sea posible, es necesaria una compaginación entre técnicas ocasionales, intensificaciones oportunas y un constante trabajo que se hace luego Estilo de Vida.

¿Qué es esto del Estilo? Para comprenderlo hay que diferenciar entre Entrenamiento y Estilo propiamente tal. El primero implica una instrucción adecuada y una práctica gradual, desarrolladas en grupo e individualmente, en etapas sucesivas según el nivel de que se trata. Estas etapas no significan jerarquías o trabas de ninguna especie, significan pasos progresivos a fin de no entorpecer el desarrollo del practicante con apuros o demoras que arruinen sus condiciones y posibilidades, en este sentido la paciencia será su mejor colaborador.

A diferencia de esto, absorber el Estilo es desde un punto de vista vivir el instante, no dejar que un solo momento de vida se escurra de nuestro ser, como sucede en un organismo o mecanismo sin conciencia. Mantener el Estilo es no fugarse del presente hacia pasados inconclusos o futuros lejanos, es intensificar la conciencia para que ésta sirva de ámbito al surgimiento del Yo-Permanente, que es la metamorfosis final y completa de aquél Yo-Vigía conectado con el Yo-Profundo y el Super-Yo.

El Estilo comienza con la división atencional, pasa a la autoobservación y se hace conciencia-de-sí, quedando la posibilidad de extremar el proceso en la Conciencia Objetiva.

Para entender un poco mejor esto, demos una vuelta a la mentación ordinaria. Allí hay desintegración atencional; mientras se hace algo, se divaga en otra cosa, es así como no vivo el presente sino que “me voy” a otros asuntos; ahora dejo de divagar o por lo menos divago menos, e instalo mi atención en el presente, así que si estoy cantando, por ejemplo, sólo estoy cantando, si escribiendo, escribiendo; es decir, el mínimo acto, con conciencia, con atención.

Luego que puedo hacer esto, hago un esfuerzo en dividir la atención entre sonidos que oigo y palabras que digo, por ejemplo, es decir entre percepciones y actos propios. Luego tengo un punto fijo con un foco atencional y con el otro atiendo a lo que hago y sucede. Este punto fijo de atención me impide “irme” a otros asuntos. Este punto fijo puede ser el puño, o un punto interior del cuerpo o más tarde todo el cuerpo; esta última actividad me da una sensación sicocorpórea única, que me ayuda a concebir el yo; luego que controlo mi atención (en el presente) y que obtengo dos focos simultáneos y no alternativos, practico la autoobservación, que es llevar uno de los focos atencionales desde el punto fijo a la propia conciencia, a estudiar los mecanismos íntimos de la mente, autoobservo los trabajos mentales que se dan con las percepciones o con cualquier operación mental. Este último caso es el más difícil pero el de mayores logros: con el tiempo y la insistencia incorporo este trabajo a mi actividad con toda simpleza, recién entonces he absorbido el Estilo, en toda su magnitud; más tarde, esta simpleza, desembocará en lo que denominamos conciencia de sí que en rigor de verdad, no es nada del otro mundo.

Este trabajo lleva a una vigilia verdadera, y el estado de alerta se acentúa de tal suerte que penetra en el sueño nocturno. Es entonces cuando adquiere real significado el vocablo: “Despertar”. En todo este proceso, la conciencia se ha desdoblado en dos focos atencionales, separándose de los mecanismos que ésta emplea y superando los enormes inconvenientes del principio; tal cosa no queda encerrada allí en la conciencia, sino que se extiende enormemente apareciendo dos vertientes perfectamente combinadas, una dedicada al estado ordinario configurado por la periferia cambiante y disímil y otra dedicada al crecimiento del yo-permanente, siempre despierto y jamás afectado por las circunstancias.

El Yo Permanente vive en sí mismo y no está adherido a la conciencia periférica, el Yo Permanente se va despertando gradualmente en la medida que se des-adhiere de la percepción fenoménica.

No debemos creer sin embargo que la periferia y el Yo Permanente obedecen a principios diferentes, y que actúen en contradicción, lo que ha sucedido es una trasmutación energética en la que lo periférico ha ido quedando como residuo.

Evidentemente el mundo periférico es diferente del mundo esencial, del mismo modo que el Yo Permanente difiere del residual. En este sentido no hay diferentes números, sino configuraciones graduales de menor densidad o de mayor espiritualidad, como dirían los antiguos.

Habiendo esbozado el tema de los centros y funciones, en la mención del aparato sicofísico, entraremos ahora en una descripción hecha a fines prácticos de poder filiar actos en los centros, implicando las conexiones y modo de actividad de cada uno.


(1) Ver: “Corrientes desviatorias de las nuevas generaciones”. Manual de Poder Joven. H. van Doren.
(2) Ver: “fuga” en el vocabulario de “Siloísmo” y en el tema en “Silo y la Liberación” de H. van Doren.
(3) Ver Autoconciencia y Autoconocimiento. “Siloísmo” H.v.D.