Vemos que cada sensación fragante tiene además una «imagen» interna que permite reconocerla, un correlato de movilización energética física.
Vayamos viendo, con ejemplos:
- El dulce se va al pecho.
- El ácido a la cabeza.
- El graso es untuoso y se asienta en el estómago.
- El amargo moviliza ciertas zonas de la mandíbula.
- El pungente se queda en la nariz.
- El agridulce fluctúa, a veces se va a la nuca, otras al cuello, pero en todo caso estaría entre la zona de lo dulce y de lo ácido.
Decimos también que cada una de las sensaciones «moviliza» o «activa» un determinado centro.
Así es evidente que:
- El dulce resuena con el centro emotivo (anís, banana, vainilla).
- El ácido con el intelectual (limón, acético, flor de azahar, leche cortada).
- El graso con el vegetativo (papas fritas, amapolas, malbón, flores asquerosas).
- El pungente con la motricidad (amoníaco a los boxeadores, mentol, nuez moscada, pimienta).
No es tan evidente pero así lo ubicamos:
- El amargo resuena en el c. sexual (lavanda, cafés, semilla de manzana).
- El agridulce resuena con el centro E.S. (naranja, mandarina, arderial).
En el eneagrama de las sensaciones vemos que la escala externa que hace a la vibratoriedad va de lo menos vibratil (dulce) a lo más vibratil (ácido), se corta y retoma, de lo menos vibratil (graso) a lo más vibratil (pungente). Así se oponen o complementan los más vibrátiles entre sí, los menos y los intermedios.
En cuanto a velocidad de relación al oler, notamos que ácido y pungente provocan reacciones veloces, dulce y graso se perciben con mayor lentitud (longitud de trayecto). No podemos entonces confundir intensidad o concentración de una fragancia con velocidad de reacción. Siempre grasos y dulces serán lentos de percibir.
Decíamos entonces que cada género de percepciones tiene su eneagrama de sensaciones. Así habrá un dulce etéreo, otro dulce floral, otro frutícola, etc. Un agridulce de cada género. En resumen, un eneagrama completo de sensaciones en cada género de percepciones.