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Aclaración sobre la experiencia a llevarse a cabo
Esta experiencia tiene por objeto reencontrar el momento del pasado que, normalmente, toda persona negativiza. En ese punto aparecen los “culpables” de mis aparentes derrotas. He ahí una de las fuentes de mis frustraciones, de mis resentimientos, de mi conciencia culposa y, a veces, de mi autocompasión. Reenfocar el aparente “gran error” de la propia vida y asumir un nuevo punto de vista sobre el mismo, contribuye a dar coherencia y unidad al proceso afectivo y en general, existencial. Este es un claro ejemplo de meditación dinámica sobre el pasado que propone, además, una fórmula práctica de reconciliación consigo mismo.
Experiencia guiada
Estoy de pie frente a una especie de tribunal. La sala, repleta de gente, permanece en silencio. Por todas partes, veo rostros severos. Cortando la tremenda tensión acumulada en la concurrencia, el Secretario ajustando sus gafas toma un papel y anuncia solemnemente: “Este tribunal, condena al acusado a la pena de muerte”. Inmediatamente, se produce un griterío. Hay quienes aplauden; otros abuchean. Alcanzo a ver a una mujer que cae desmayada. Luego, un funcionario logra imponer silencio nuevamente.
El Secretario, me clava su turbia mirada al tiempo que pregunta: “¿Tiene algo que decir?” Le respondo que sí. Entonces, todo el mundo vuelve a sus asientos. Inmediatamente, pido un vaso con agua y luego de alguna agitación, alguien me lo acerca. Lo llevo a la boca y hago un buche. Completo la acción con unas gárgaras. Después
digo: “¡Ya está!” Alguien del tribunal me increpa ásperamente: – “¿Cómo que ya está?” Le respondo que sí, que ya está. En todo caso, para conformarlo le digo que el agua del lugar es muy buena, que quién lo hubiera dicho y dos o tres gentilezas por el estilo…
El Secretario, termina de leer el papel con estas palabras: “…por consiguiente se cumplirá la sentencia hoy mismo, dejándolo en el desierto sin alimentos y sin agua. Sobre todo, sin agua. ¡He dicho!”
Al poco tiempo, me encuentro en medio del desierto viajando en un vehículo, escoltado por dos bomberos. Paramos en un punto y uno de ellos dice: “¡Baje!”. Entonces, bajo. El vehículo gira y regresa por donde vino. Lo veo hacerse cada vez más pequeño a medida que se aleja entre las dunas.
El sol está declinando, pero es intenso. Comienzo a sentir mucha sed. Me saco la camisa colocándola sobre mi cabeza. Luego investigo alrededor. Descubro cerca, una hondonada al costado de unas dunas elevadas. Voy hacia ellas y termino sentándome en el delgado espacio de sombra que proyecta la ladera.
El aire se agita levantando la arena que oscurece al sol. Salgo de la hondonada, temiendo ser sepultado si el fenómeno se acentúa. Las partículas arenosas pegan en mi torso descubierto, como ráfagas de metralla vidriosa. Al poco tiempo, la fuerza del viento me ha derribado.
La tormenta ha pasado. El sol se ha puesto. En el crepúsculo, veo adelante mío una semiesfera blanquecina, grande como un edificio de varios pisos. Pienso que se trata de un espejismo. De todas maneras, me incorporo dirigiéndome hacia ella. A muy poca distancia, advierto que la estructura es de un material suave, como plástico, tal vez inflado por aire comprimido.
Me recibe un señor con turbante. Entramos por un tubo alfombrado. Se corre una plancha y al mismo tiempo me asalta el aire refrescante. Me encuentro en el interior de la estructura. Observo que todo está invertido. Se diría que en lo alto, hay un techo plano del que penden diversos objetos: agua que cayendo en chorros se curva y vuelve a subir: mesas redondas elevadas con las patas podido cambiar tu Destino”.
Estoy de pie en medio del desierto. Veo aproximarse un vehículo. Le grito “¡Taxi!” Al poco tiempo, estoy sentado cómodamente en los asientos traseros. Miro al conductor que está vestido de bombero y le digo: “¡Lléveme a casa… no se apure, así tengo tiempo de cambiarme de ropa!”. Pienso: -¡El gran fracaso! ¿Quién no ha sufrido un accidente? Creo que soy mejor persona de lo que hubiera pensado antes y tengo un futuro para poder probarlo… “¡Vamos taxista, lléveme a casa!”
Intercambio sobre la experiencia
Los concurrentes discuten sus experiencias.
Recomendación
Diariamente recrear la experiencia, particularmente en el regreso a la situación del gran fracaso. Examinar todos los factores que actuaron en aquel momento, comprendiendo lo accidental que impulsó en esa dirección.
En esta práctica aparecen por lo menos cuatro tipos de resistencias:
- 1º imposibilidad de encontrar el momento o situación del “gran error”;
- 2º imposibilidad de comprender que gracias a ese error he podido obtener otros logros, habiendo llegado hasta el momento actual;
- 3º imposibilidad de considerar que merced a los problemas detectados, pude eludir situaciones que hubieran resultado más graves y
- 4º imposibilidad de considerar aquellas situaciones como hechos accidentales que escaparon a todo control mío o de otros, a los cuales atribuyo culpabilidad.
Las resistencias mencionadas, deberán ser meditadas, aparte de la experiencia, verificando en la vida diaria si se producen cambios de enfoque en la situación actual por acción de la reconciliación con el pasado.
