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Audio 1 – Primera grabación en español

 

Audio 2

 

Aclaración sobre la experiencia a llevarse a cabo

En esta experiencia se pretende solucionar problemas de futuro, en el sentido de clarificar proyectos, dejando de lado las imágenes que impiden un adecuado sentido de la realidad.

Experiencia guiada

He llegado al lugar que me recomendaran. Estoy fren­te a la casa del doctor. Una pequeña placa advierte: “Us­ted que entra, deje toda esperanza”.

Luego de mi llamada, se abre la puerta y una enferme­ra me hace pasar. Indica una silla en la que me siento. Ella se emplaza tras una mesa enfrentándome. Toma un papel y después de colocarlo en su máquina de escribir, pregunta: -¿Nombre?- y yo respondo. -¿Edad?…, ¿profesión?…, ¿estado civil?…, ¿grupo sanguíneo?…

La mujer continúa llenando su ficha con mis antece­dentes familiares de enfermedad.

Respondo por mi historial de enfermedades. (*)

Inmediatamente, reconstruyo todos los accidentes sufridos desde mi infancia. (*)

Mirándome fijamente, pregunta con lentitud: “¿Ante­cedentes criminales?” Por mi parte, respondo con cier­ta inquietud.

Al decirme, “¿cuáles son sus esperanzas?”, interrum­po mi obediente sistema de respuesta y le pido aclara­ciones. Sin inmutarse y mirándome como a un insecto, replica: “¡esperanzas son esperanzas! Así es que em­piece a contar y hágalo rápido, porque tengo que en­contrarme con mi novio”.

Me levanto de la silla y de un manotazo saco el papel de la máquina. Luego, lo rompo tirando los fragmentos en un papelero. Doy media vuelta y me dirijo a la puerta, comprobando que no puedo abrirla. Con molestia evi­dente, grito a la enfermera que la abra. No me responde. Entonces, recorro la habitación con la mirada y veo que está vacía.

Me dirijo hacia la otra puerta comprendiendo que tras ella está el consultorio. Seguramente, allí encontraré al doctor y le presentaré mis quejas. Abro la puerta pero compruebo que da a una pared de ladrillos. Corro hacia la primera y la abro con violencia, chocando nuevamente con la pared que me cierra el paso. Comprendo que es­toy en una trampa.

Escucho una voz de hombre que me dice por un alta­voz: “¿cuáles son sus esperanzas?” Recomponiéndo­me, le respondo al doctor que mi mayor esperanza es sa­lir del lugar en que me encuentro. El dice: “la placa en la pared de entrada, advierte al que llega, que deje toda es­peranza”.

La situación, se me aparece como una broma monstruosa, de modo que me siento en la silla, a esperar algún tipo de desenlace.

“Comencemos de nuevo -dice la voz-. Usted re­cuerda que en su niñez tenía muchas esperanzas. Con el tiempo, advirtió que jamás se iban a cumplir. Abandonó pues, esos lindos proyectos… haga memoria. (*)

Más adelante -continúa la voz- sucedió otro tanto y tuvo que resignarse a que sus deseos no se cumplieran… recuerde”. (*)

“Por fin, usted tiene varias esperanzas en este mo­mento. No me refiero a la esperanza de salir del encierro en esta habitación, ya que la actual situación es un truco que durará unos pocos minutos. Estoy hablando de otra cosa: ¿cuáles son sus esperanzas a futuro?” (*)

“¿Y cuáles de ellas, sabe secretamente que jamás se cumplirán? A ver, piénselo sinceramente…”

Ante tal invitación, comienzo a pensar en eso que no se cumplirá jamás. (*)

“¡Vamos, dígamelo!” -invita la voz amablemente. Y en efecto, le cuento todo. (*)

“Sin esperanzas, el ser humano no puede vivir, pero cuando sabe que éstas son falsas, no las puede mante­ner indefinidamente, de manera que tarde o temprano to­do termina en una crisis de fracaso. Si pudiera profundi­zar en su interior, llegando a las esperanzas que recono­ce no se cumplirán y si además hiciera el trabajo de de­jarlas aquí para siempre, ganaría en sentido de la reali­dad. Así es que trabajemos nuevamente: busque las más profundas esperanzas. Esas que según siente, jamás se cumplirán. ¡Cuidado con equivocarse!. Hay cosas que le parecen posibles, a esas no las toque. Tome sólo aquellas que no se cumplirán. Vamos, búsquelas con to­da la sinceridad de que sea capaz, aunque le resulte un poco doloroso”. (*)
“Ahora, cuéntemelas.” (*)

“Al salir de esta habitación, propóngase dejarlas aquí para siempre”.

“Y ahora, terminemos el trabajo: considere aquellas cosas en que tiene esperanzas y las cree posibles”.

“Explíquemelas”. (*)

“Bueno, creo que hemos terminado. Desde ahora, se orientará por aquello que cree posible. Le daré una ayu­da: dirija su vida sólo por lo que cree posible o que auténticamente siente que se cumplirá y estará a salvo. No importa que luego las cosas no resulten, porque al fi­nal de la vida queda la mejor de las esperanzas. En fin, hemos terminado. Ahora, salga por donde entró.” La voz se silencia. Me levanto proponiéndome apartar las espe­ranzas imposibles. (*)

Doy unos pasos, abro la puerta y salgo. Mirando la pla­ca de la entrada leo: “Usted que sale, deje aquí toda fal­sa esperanza”. Me siento en un curioso estado de livian­dad. Tal vez, ligeramente desconcertado pero con la sen­sación de haber logrado algo positivo. Desde ahora tendré que aprender a vivir con la verdad interior y eso, seguramente cambiará mi comportamiento en la vida. (*)

Intercambio sobre la experiencia

Los concurrentes discuten sus experiencias.

Recomendación

Observar en la vida diaria las confusiones y pérdidas de tiempo que produce la orientación por falsas esperan­zas. Comprobar si se modifica el enfoque de los proyec­tos, por acción de la experiencia guiada o de su repeti­ción.

NOTAS

(28) – La experiencia está inspirada en “La Divina Comedia” del Dante. Así en el dintel de la famosa puerta, Dante y Virgilio, leen: “Por mí se va a la ciudad del llanto; por mí se va al dolor eterno; por mí se va a la condenada raza; la Justicia anima a mi Sublime Arquitecto; me levantó la Divina Potestad, la Suprema Sabiduría y el Primer Amor. Antes de mí no hubo nada creado, a excepción de lo inmortal, y yo duro eternamente. ¡Oh vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza!”