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Aclaración sobre la experiencia a llevarse a cabo

Los problemas en el descenso están relacionados con dificultades físicas, generalmente respiratorias. En caso que ellas no tengan lugar, pueden estar ligadas a acci­dentes sufridos por encerramientos, asfixias, ahogos, etc.

Excluyendo los casos mencionados, las resistencias al descenso, revelan temores a la reconstrucción del pro­pio pasado. También muestran inquietud porque algunos impulsos escapen al control de la conciencia o de la con­ducta. Tales impulsos, suelen ser ideas o sentimientos obsesivos y actitudes compulsivas que obligan al indivi­duo a hacer cosas que no desea.

Experiencia guiada

Me encuentro en un pequeño barco mar adentro. Va­mos a levar ancla pero notamos que se ha trabado. Anun­cio a mis amigos que iré a ver qué pasa. Desciendo por una escalerilla entrando en el agua calma, sin oleaje.

Al sumergirme veo peces multicolores, el casco del barco y la cadena del ancla. Nado hacia ella y apro­vechándola, desciendo.

Noto que puedo respirar sin dificultad, de manera que continúo bajando por la cadena hasta llegar al fondo, ya poco iluminado.

El ancla está atascada en unos restos de metal. Me acerco. Tiro fuertemente hacia arriba. El piso cede. He levantado una tapa que deja al descubierto un espacio cuadrado por el que me introduzco. (*)

Nado a mayor profundidad y al sentir una corriente submarina fría, sigo su dirección. Termino tocando una superficie lisa a veces cubierta por vegetales marinos.

Asciendo sin alejarme de ella. A medida que refloto, per­cibo mayor claridad. (*)

Emerjo en un ojo de agua adentro de una caverna difu­samente iluminada. Subo a una suerte de plataforma. Ca­mino unos pasos y descubro escalinatas. Comienzo a ba­jar por ellas lentamente.

El pequeño pasillo se estrecha cada vez más mientras sigo descendiendo por la escalera de piedra resbalosa. Veo algunas antorchas prendidas con regularidad. Aho­ra, la bajada se ha tornado casi vertical. El ambiente es húmedo y sofocante. (*)

Una reja oxidada a modo de puerta me impide pasar. Empujo fuertemente y se abre rechinando. La escalera ha terminado y ahora hay sólo una rampa barrosa por la que me desplazo con cuidado. El olor es pegajoso, casi sepulcral. (*)

Siento una ráfaga de aire que amenaza apagar las an­torchas. Al fondo, escucho el rugido de un mar embrave­cido azotando las rocas. Comienzo a experimentar dudas sobre mi regreso.

El viento silba con fuerza apagando la antorcha más ba­ja. Entonces, empiezo a subir frenando todo impulso de sobresalto. Lentamente asciendo por la rampa barrosa.

Llego a la puerta oxidada. Está cerrada. La abro nueva­mente y continúo subiendo fatigosamente por las esca­leras casi verticales, mientras las antorchas se siguen apagando a mis espaldas.

La escalera de piedra está cada vez más resbaladiza de manera que doy pasos cuidadosos.

He alcanzado la cueva. Llego a la plataforma y me su­merjo en el ojo de agua en el instante en que se apaga la última luminaria.

Desciendo hacia las profundidades tocando la superfi­cie lisa y vegetal. Todo está a oscuras. (*)

Al sentir una correntada fría, nado en dirección opues­ta con gran dificultad. (*)

Logro salir de la corriente. Ahora subo verticalmente hasta que doy con un techo de piedra. Busco en todas las direcciones para encontrar la abertura cuadrada. Pe­se a las dificultades, respiro normalmente. (*)

He hallado el lugar. Paso por el orificio. Ahora desen­gancho el ancla de su trampa y apoyo mis pies en ella mientras muevo la cadena para avisar a mis compañeros.

Desde arriba están izando el ancla conmigo como pa­sajero. Lentamente, se va Iluminando el espacio acuáti­co, mientras observo un fascinante arco iris de seres submarinos.

Emerjo. Suelto la cadena y aterrándome a la escalerilla del barco subo ante los vítores y bromas de mis amigos. (*)

Intercambio sobre la experiencia

Los concurrentes discuten sus experiencias.

Recomendación

Observar si en la vida diaria, se reproducen las mismas resistencias que en la experiencia. Parejamente, si en la experiencia o en otras repetidas se han vencido las difi­cultades, confrontar con situaciones en las que apa­recían los problemas, comprobando si se ha logrado progresar.

NOTAS

(20) – Un curioso comentario: “Al levantar la tapa del fondo del mar, vi que se trataba del sepulcro de mi padre. Súbitamente comprendí la extraña sensación que me acompaño durante años al tratar de bucear o simplemente sumergirme en el agua. También caí en cuenta sobre el significado de mi desconfianza a las bajadas en escaleras o en ascensor, y mi horror ante un posible “descenso” en el status. Creo entender que no he resuelto un fuerte sentimiento de culpa que experimento al evocar a mi padre, pero sé ahora que si viviera ya me hubiera perdonado. Por lo demás, tengo gran curiosidad por experimentar lo más pronto posible, qué sucederá cuando me sumerja en el agua”. El instructor supo tiempo después por boca de practicantes, que éste había hecho todo tipo de pruebas en el agua, en escaleras y en ascensores, habiendo comprobado la superación de sus aprehensiones. Otro tanto había sucedido con su “horror a la pérdida de status”. El hombre explicó, finalmente, que lo más importante fue la sensación de que estaba reconciliado con su padre.