(30)

Audio 1 – Primera grabación en español

 

Audio 2

 

Audio 3

 

Aclaración sobre la experiencia a llevarse a cabo

Esta práctica apunta a la producción de aquellas sen­saciones que acompañan a los grandes descubrimientos de la realidad interior, tales los que se refieren a un sen­tido trascendente de la vida. No se trata pues de un ejer­cicio que aclare la comprensión de un objeto o un temor dado, sino de una experimentación que permita recono­cer o producir importantes registros internos.

Experiencia guiada

Sigo subiendo a pie por el camino montañoso. Me de­tengo un instante y miro hacia atrás. A la distancia, veo la línea de un río y lo que podría ser una arboleda. Más le­jos, un desierto rojizo que se pierde en la bruma del atar­decer.

Camino unos pasos más, mientras la senda se estrecha hasta quedar borrada. Sé que falta un último tramo, el más difícil, para llegar a la cima. La nieve ape­nas molesta mi desplazamiento, así es que continúo el ascenso.

He llegado a la pared de roca. La estudio cuidadosa­mente y descubro en su estructura, una grieta por la que podría trepar. Comienzo a subir enganchando los boti­nes de altura en las salientes. Pego la espalda en un bor­de de la canaleta, mientras palanqueo con un codo y el otro brazo. Subo.

La grieta se ha estrechado. Miro hacia arriba y hacia abajo. Estoy a mitad de camino. Imposible desplazarme en ninguno de los dos sentidos.

Cambio la posición del cuerpo, quedando pegado de frente a la resbaladiza superficie. Afirmo los pies y muy despacio estiro un brazo hacia arriba. La roca me devuelve el jadeo húmedo de la respiración. Palpo sin saber si encontraré una pequeña grieta. Estiro el otro brazo suavemente. Siento que me balanceo. Mi cabeza co­mienza a separarse lentamente de la piedra. Luego, todo mi cuerpo. Estoy por caer de espaldas… pero encuentro un pequeño hueco en el que introduzco mis dedos como garfios. Me afirmo y continúo el ascenso, trepando sin dificultad en el asalto final.

Por fin llego a la cima. Me incorporo y aparece ante mí una pradera interminable. Avanzo unos pasos. Luego, cambio de frente. Hacia el abismo es de noche; hacia la llanura, los últimos rayos del sol fugan en tonalidades múltiples. Estoy comparando ambos espacios cuando escucho un sonido agudo. Al mirar hacia lo alto, con­templo suspendido un disco luminoso que girando en círculos alrededor mío, comienza a descender.

Se ha posado muy cerca. Movido por un llamado inte­rior me acerco sin prevenciones. Penetro en su interior, con la sensación de traspasar una cortina de aire tibio. Al momento, experimento que mi cuerpo se aliviana. Estoy en una burbuja transparente achatada en su base. Como impulsados por un gran elástico, partimos rectamente hacia arriba. Alcanzo a ver, fugazmente, el atardecer en la pradera.

Subimos a mayor velocidad mientras el cielo se oscu­rece y la Tierra se aleja.

Es plena noche. Sin referencia alguna, advierto de to­das maneras, que aumenta la velocidad. Las límpidas estrellas van virando de color hasta desaparecer en la oscuridad total.

Al frente veo un único punto de luz dorada que se agranda. Vamos en dirección a él. Ahora se destaca un gran aro que se continúa en un larguísimo túnel transpa­rente.

Entramos en él, deteniéndonos súbitamente. Hemos descendido en una explanada. Atravieso la cortina de aire tibio y salgo del objeto.

Estoy ante paredes al parecer de cristal, que al atrave­sarlas producen musicales cambios de color. Sigo avan­zando hasta llegar a un espacio en cuyo centro veo un gran cuerpo geométrico móvil, imposible de capturar con la mirada, porque al seguir una dirección cualquiera de su superficie, ésta termina envuelta incomprensiblemen­te en el interior del cuerpo. Siento mareo y aparto la vis­ta.

Encuentro una figura al parecer humana. No puedo ver su rostro. Me tiende una mano en la que veo una esfera radiante. Comienzo a acercarme con temor reverencial y en un acto de plena aceptación, tomo la esfera y la apoyo en mi frente. (*)

Entonces, en silencio total, percibo que algo nuevo co­mienza a vivir en mi interior. Ondulaciones sucesivas y una fuerza creciente bañan mi cuerpo, al tiempo que sur­ge desde mi más profundo ser, una gran alegría. (*)

Sé que la figura me dice sin palabras: “Regresa al mundo con tu frente y tus manos luminosas”. (*)

Así pues, acepto mi destino. Luego, la burbuja y el aro y las estrellas y la pradera y la pared de roca. (*)

Por último, el camino y yo, humilde peregrino que regresa a su gente. (*)

Yo que vuelvo luminoso a las horas, al día rutinario, al dolor del hombre, a su simple alegría.

Yo que doy de mis manos lo que puedo, que recibo la ofensa y el saludo fraterno, canto al corazón que del abismo oscuro renace por la luz del Sentido…

Intercambio sobre la experiencia

Los concurrentes discuten sus experiencias.

Recomendación

Considerar si las imágenes propuestas respecto a la fi­gura y la esfera se representaron adecuadamente. Tener en cuenta únicamente las sensaciones descriptas en la escena del apoyo de la esfera en la frente. Las resis­tencias de importancia a vencer, son las que impiden recrear las sensaciones mencionadas.

NOTAS

(30) – El veloz desplazamiento en la burbuja, recuerda ese viaje tan espléndidamente narrado por Stapledon en “El hacedor de estrellas”. La descripción del efecto Doppler en el cambio de coloración de las estrellas por acción de la velocidad, queda en la experiencia guiada, disimulado con esta frase: “Las límpidas estrellas van virando de color, hasta desaparecer en la oscuridad total”.
Un hombre maduro, albañil de oficio, comentó: “Cuando apoyé la esfera en mi frente sentí una especie de vibración eléctrica y luego vi luz…, era una luz diferente a la que estamos acostumbrados a ver. Era una luz que tenía un sentido distinto. No sé cómo describirlo. Siempre creí que había otra cosa, pero ahora sé que hay otra cosa”.