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Audio – Primera grabación en español
Aclaración sobre la experiencia a llevarse a cabo
En esta experiencia se dan elementos para que el practicante ejercite imágenes de libertad de movimiento físico, y, al mismo tiempo, pueda reconocer sensaciones gratificantes. Es un trabajo sencillo que brinda registros de aflojamiento de tensiones mentales y que habilita para observar los problemas cotidianos desde una perspectiva amplia y calma, contribuyendo desde ese estado a su mejor solución.
Experiencia guiada
En plena oscuridad, escucho solamente una voz que dice: “Entonces no había lo existente ni lo no-existente: no había aire ni cielo y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo. No había ni seres humanos, ni un solo animal, pájaro, pez, cangrejo, madera, piedra, caverna, barranca, hierba, selva. No había galaxias ni átomos: tampoco había allí supermercados. Entonces, naciste tú y comenzó el sonido y la luz y el calor y el frío y lo áspero y lo suave”.
La voz se silencia y advierto que me encuentro subiendo en escalera mecánica adentro de un enorme supermercado.
He atravesado varios pisos y ahora veo que el techo del edificio se abre y la escalera sigue transportándome lenta y confortablemente, hacia un cielo luminoso.
Veo el edificio allí abajo, muy pequeño. La atmósfera es profundamente azul; la brisa hace ondear mis ropas. Entonces, aspiro el aire con gran placidez.
Al atravesar un estrato de suave vapor, me encuentro con un inmenso mar de blancas nubes.
La escalera se curva delicadamente aplanándose, de modo que me permite caminar sobre ella como si fuera una vereda. Me desplazo hacia adelante comprobando que estoy caminando en un piso de nubes.
Mis pasos son muy armónicos. Puedo saltar largas distancias ya que la gravedad es escasa. Aprovecho para hacer piruetas cayendo sobre mis espaldas y rebotando hacia arriba nuevamente, como si un gran colchón elástico me impulsara cada vez. Los movimientos son lentos y mi libertad de acción es total. (*)
Escucho la voz de un viejo amigo que me saluda alegremente. Luego, lo veo acercarse en una maravillosa carrera. Al chocar conmigo en un abrazo, rodamos y rebotamos una y otra vez haciendo todo tipo de figuras, riendo y cantando. (*)
Finalmente, nos sentamos y entonces, mi amigo saca de entre sus ropas una caña de pescar, que va luego alargando. Prepara los aparejos, pero en lugar de anzuelos coloca un imán en forma de herradura. Comienza a maniobrar con el carrete y el imán va bajando por el piso de nubes. Pasado un momento, la caña comienza a vibrar y él grita: “¡Tenemos buena pesca!”. Inmediatamente, se pone a recoger los aparejos hasta que una gran bandeja va subiendo adherida al imán. En ella hay todo tipo de comidas y bebidas. El conjunto está cuidadosamente decorado. Mi amigo deposita la bandeja y nos disponemos para el gran festín.
Todo lo que pruebo es de un sabor exquisito. Lo más sorprendente es que los manjares no disminuyen. En todo caso, aparecen unos en reemplazo de otros con solo desearlo, así es que me pongo a elegir aquellos que siempre quise comer y los consumo con gran fruición. (*)
Ya satisfechos, nos estiramos de espaldas sobre el blando colchón de nubes, logrando una gran sensación de bienestar. (*)
Siento todo el cuerpo algodonoso, tibio, totalmente aflojado, mientras suaves pensamientos surcan mi mente. (*)
Compruebo que no experimento apuro, ni inquietud, ni deseo alguno, como si contara con todo el tiempo del mundo para mí. (*)
En ese estado de plenitud y bienestar trato de pensar en los problemas que tenía en la vida diaria, pero se me aparecen pequeños, sin importancia, como si los hubiera soñado. (*)
Al tiempo, escucho a mi amigo que dice: “Bueno, tenemos que volver. Todavía no es nuestro tiempo, pero como ejemplo no está mal, ¿no te parece?”
Me incorporo y dando unos pasos siento que estoy sobre la escalera mecánica. Suavemente, ésta se inclina hacia abajo penetrando el piso de nubes. Siento un tenue vapor y comienzo el descenso hacia la tierra con mucha suavidad.
Me estoy acercando al edificio por cuya parte superior penetra la escalera mecánica.
Estoy descendiendo por los distintos pisos del supermercado. Veo por todas partes, gente que preocupadamente escoge sus objetos de compra.
Cierro los ojos y escucho una voz que dice: “Entonces, no había ni temor, ni inquietud, ni deseo, porque el tiempo no existía”. (*)
Intercambio sobre la experiencia
Los concurrentes discuten sus experiencias.
Recomendación
Observar dificultades producidas en la experiencia respecto a la libertad de movimiento. Cotejarlas con problemas cotidianos del mismo tipo o con limitaciones en la expresión corporal. Comprobar si en el estado logrado durante la experiencia, los problemas cotidianos pueden dimensionarse con mayor corrección que la habitual.
Si se repite la experiencia y se logra vencer resistencias, observar en la vida diaria los efectos correlativos.
