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Audio 1 – Primera grabación en español

Audio 2

 

Aclaración sobre la experiencia a llevarse a cabo

La experiencia propone una revisión de relaciones afectivas que permita comprender al practicante cómo las búsquedas, encuentros, rupturas y fantasías con per­sonas del sexo opuesto, están ligados a un núcleo ideal de pareja, difícil de advertir cotidianamente, pero que sin duda opera y orienta en determinadas direcciones, pro­vocando a veces, tremendos desencantos al no coincidir con la realidad.

Experiencia guiada

Caminando por el parque, veo a muchos niños en sus juegos.

Me acerco hasta un gigante hecho de material sólido. Está de pie. Tiene una gran cabeza pintada con vivos co­lores. Una escalera llega hasta su boca. Por ella trepan los pequeños: llegan a la enorme cavidad y cuando uno entra, ésta se cierra suavemente. Al poco tiempo, el niño sale expulsado por la parte trasera del gigante, desde un tobogán a una lona, que amortigua la caída. Uno a uno van entrando y saliendo acompañados por la música fes­tiva que brota del gigante:

“¡Gargantúa se traga a los niños
con mucho cuidado sin hacerles mal
ajajá, ajajá, con mucho cuidado
sin hacerles mal!”

Me decido a subir por la escalerilla y entrando en la enorme boca, encuentro a un recepcionista que me dice: “Los niños siguen por el tobogán, los grandes por el as­censor”.

El recepcionista continúa dando explicaciones, al tiempo que descendemos por un tubo transparente. En un momento, le digo que ya debemos estar a nivel del suelo. El comenta que recién andamos por el esófago ya que el resto del cuerpo está bajo tierra, a diferencia del gigante infantil que está todo en la superficie. “Sí, hay dos Gargantúas en uno -me informa- el de los niños y el de los grandes. Estamos a muchos pies bajo el suelo. Ya hemos pasado el diafragma, de manera que pronto llegaremos a un lugar muy simpático… Vea, ahora que se abre la puerta de nuestro ascensor, se nos presenta el estómago…¿quiere bajar acá? Como usted ve es un mo­derno restaurant en el que se sirven dietas curativas de todas partes del mundo”.

Le digo al recepcionista que tengo curiosidad por el resto del cuerpo. Entonces, seguimos descendiendo. “Ya estamos en el bajo vientre y con esto, se acaba el tronco -anuncia mi interlocutor, mientras abre la puerta-. Tiene una decoración muy original: las paredes de colores cambiantes son cavernas forradas delicada­mente. El fuego central, en medio del salón, es el gene­rador que da energía a todo el gigante. Los asientos, es­tán para reposo del visitante y las columnas distribuidas en distintos puntos, permiten jugar a los escondites… uno puede aparecer y desaparecer tras ellos. Tiene más gracia si son varios los turistas que participan. Bien, lo dejo aquí sí es su deseo. Basta que se acerque hasta la entrada del ascensor para que la puerta se abra y pueda regresar a la superficie. Todo es automático… una mara­villa, ¿no le parece?” Se cierra la hoja y quedo solo en el recinto.

Creo estar adentro del mar. Un gran pez, pasa a través mío y comprendo que los corales, las algas y las diversas especies vivas, son proyecciones tridimensionales que dan un increíble efecto de realidad. Me siento para ob­servar sin apuro, el distensador espectáculo.

De pronto, veo que desde el fuego central, sale una fi­gura humana con el rostro cubierto. Se me acerca lenta­mente. Deteniéndose a corta distancia, dice: “Buenos días, soy una proyección tridimensional. Los hombres tratan de descubrir en mí a su mujer ideal y las mujeres proceden del modo opuesto. Estoy programada para to­mar el aspecto que usted busca, ¿pero cuál es ese as­pecto? Yo no puedo hacer nada sin un pequeño esfuerzo de su parte. Le recomiendo proceder del siguiente mo­do: Piense en qué rasgos comunes han tenido todas las personas con las que se ligó afectivamente. No se re­fiera sólo al cuerpo o al rostro, sino a caracteres, por ejemplo: ¿eran protectoras o por lo contrario, inspiraban en usted necesidad de darles protección?” (*)

“¿Eran valientes, tímidas, ambiciosas, engañadoras, soñadoras; o tal vez, crueles? (*)

“Y ahora, ¿qué cosa igualmente desagradable, o reprochable, o negativa, han tenido en común? (*) “¿Cuáles han sido sus rasgos positivos? (*)

“¿En qué se han parecido los comienzos de todas esas relaciones? (*)

“¿En qué se han parecido los finales? (*)

“Procure recordar con qué personas ha querido rela­cionarse, sin que las cosas resultaran y ¿por qué no re­sultaron? (*)
“Ahora, atención, empezaré a tomar las formas que usted ambiciona. Indíqueme y lo haré a la perfección. Es­toy lista, así es que indíqueme: ¿cómo debo caminar? “¿Cómo estoy vestida?

“¿Qué hago exactamente?

“¿Cómo hablo?

“¿En qué lugar estamos y qué hacemos?

“¡Mira mi rostro, tal cual es! (*)

“Mira en la profundidad de mis ojos, porque ya he de­jado de ser una proyección para convertirme en algo re­al… mira en la profundidad de mis ojos y dime dulcemen­te qué ves en ellos. (*)

“¿Acaso buceas en tí mismo?

“¿O ves un reflejo parecido a alguien…?

“¿O ves aun ser desconocido y para tí, perfecto?” Mientras me levanto para tocar la figura, ella me elude, desapareciendo tras una columna. Cuando llego al lugar, compruebo que se ha esfumado. Sin embargo, siento en mi hombro una mano que se apoya suavemente, al tiem­po que alguien dice: “No mires hacia atrás. Debe bas­tarte con saber que hemos estado muy cerca el uno del otro y que gracias a eso, se han de aclarar tus bús­quedas…”. En el momento en que termina la frase, me vuelvo para ver a quién habla, pero sólo percibo una sombra que huye. Simultáneamente, el fuego central ru­ge y aumenta su brillo, deslumbrándome.

Me doy cuenta que la escenografía y la proyección han creado el ambiente propicio, para que surja la imagen ideal. Esa imagen que está en mí y que llegó a rozarme, pero que por una impaciencia incomprensible desapare­ció entre mis dedos como arena. Sé que ha estado cerca mío y eso me basta.

Llego a la entrada del ascensor. La puerta se abre al tiempo que escucho un canto infantil:

“Gargantúa se traga a los grandes
con mucho cuidado sin hacerles mal
ajajá, ajajá, con mucho cuidado
sin hacerles mal”. (*)

Intercambio sobre la experiencia

Los concurrentes discuten sus experiencias.

Recomendación

Reconocer en la vida diaria los temas trabajados en la experiencia.

NOTAS

(18) – El tema del gigante está inspirado en el “Gargantúa y Pantagruel” de Rabelais. En cuanto a la imagen de la pareja ideal, recuerda a las proyecciones holográficas de “El fin de la infancia” de Clarke.
Este fue el comentario de un hombre de edad, muy cultivado, dedicado a la producción industrial: “De pronto quedé sorprendido al sentir un fuerte tirón interno en el sexo, como si el aumento de la intensidad del fuego se produjera en mi cuerpo. Tengo la sensación de que nuestros gustos, amores, fantasías están relacionados con la educación pero sobre todo, con el propio cuerpo y su funcionamiento”.