Nada es más poderoso que la alianza del hambre y la soledad para luchar contra él. Ella proporciona agudeza a la visión de los ojos interiores.

Evagrio Pontico (+399)

11. Esfuérzate por mantener tu intelecto, durante la plegaria, sordo y mudo; así podrás orar.
14. La plegaria es un retoño de la dulzura y de la ausencia de cólera.
15. La plegaria es un fruto de la alegría y la gratitud.
16. La plegaria excluye la tristeza y el descorazonamiento.
66. No imagines la divinidad en ti como oras ni dejes que tu inteligencia acepte la impresión de una forma cualquiera; mantente inmaterial y tú comprenderás.
68. Cuando el demonio, celoso, busca quebrantar la memoria durante la oración, hace violencia sobre la complexión del cuerpo para despertar en la inteligencia algún fantasma desconocido que le proporciona una forma. La inteligencia acostumbrada a permanecer en los conceptos resulta fácilmente subyugada; aquella que tendría hacia la gnosis inmaterial y sin forma, se deja engañar y toma el humo por luz.
83. La salmodia calma las pasiones y aplaca la intemperancia del cuerpo; la oración hace ejercitar a la inteligencia su actividad propia.
105. No atiendas las exigencia de tu cuerpo durante el ejercicio de la oración; no dejes que una mordedura de piojo, pulga, mosquito o mosca, te impida adelantar en la oración.
151. La excelencia de la oración no reside simplemente en la cantidad sino en la calidad. Son testigos los dos que subieron al templo (Luc. 18, 10 s) y el dicho, “En vuestras oraciones, no multipliquéis las palabras” (Mt. 6, 7).

Nicéforo el Solitario (segunda mitad del siglo XIII)

Venid para que yo os exponga la ciencia, el método de la vida eterna, o mejor, celestial, que introduce sin fatiga ni sudor a aquél que la practica en el puerto de la apatheia.

¿Qué es la atención, cuáles son sus propiedades?

En primer lugar, que tu vida sea apacible, limpia de toda preocupación y en paz con todos.

El aire de nuestra respiración, nosotros no lo espiramos más que a causa de nuestro corazón.

Siéntate, recoge tu espíritu e introdúcele – me refiero a tu espíritu – en tus narices; es el camino que toma el soplo para ir al corazón. Empújalo, fuérzalo a descender en tu corazón al mismo tiempo que el aire inspirado. Cuando está allí, veras la alegría que seguirá: no tendrás que lamentar nada.

Acostumbra entonces a tu espíritu a no apresurarse a salir.

No debes callarte ni permanecer ocioso. Pero, no debes tener otra ocupación ni meditación que el grito de : “¡Señor Jesucristo, Hijo de Dios, tener piedad de mí!”

La razón del hombre tiene su asiento en el pecho.

Dedícate a gritar interiormente.

11. Esta anexión de toda la vida espiritual mediante la atención es uno de los rasgos característicos del hesicasmo sinaíta.

El Seudo Simeón, El Nuevo Teólogo

Método para la Santa oración y atención

… como un consuelo divino no deseando otra preocupación. Tales son los signos de su ilusión, pues el bien que no está bien hecho no es un bien.

Si además este hombre lleva una vida solitaria y enteramente cerrada necesariamente perderá la cabeza. Suponiendo que evite esa suerte, sin embargo le será imposible llegar a la posesión de las virtudes y a la apatheia.
De lo que acabo de decir, el hombre lúcido advertirá el beneficio de la primera atención. Considero que algunos han escapado a tales accidentes gracias a la vida en comunidad – pues es a los anacoretas a quienes sucede lo antedicho- ; lo que es seguro, es que no harán el más mínimo progreso en toda su vida.

La segunda oración

He aquí, ahora, la segunda oración. El espíritu se retira de los objetos sensibles; se cuida de las sensaciones exteriores; impide a sus pensamientos caminar vanamente entre las cosas de este mundo a medida que escruta sus pensamientos y aplica su atención a las oraciones que su boca dirige a Dios. Cuanto más tiran de él los pensamientos prisioneros, cuanto más es sometido por la pasión, tanta mayor violencia se hace para retomar a sí mismo. Aquél que combate de este modo no conocerá jamás la paz ni ceñirá la corona de los vencedores.

Esos son los caracteres de la segunda oración. Dan al espíritu celoso una idea de sus inconvenientes. Esto no impide que la segunda oración sea mejor que la primera, de la misma forma que una noche de luna llena es mejor que una oscura y sin estrellas.

El espíritu liberado puede guerrear con eficacia, dispersar los pensamientos del enemigo y expulsarlos hábilmente mientras hace subir la oración desde su corazón purificado. Aquellos que no comienzan de este modo se hacen aplastar sin beneficio.

El principio de la tercera oración no es mirar hacia lo alto, extendiendo las manos, reuniendo los pensamientos y demandando la ayuda del cielo. Estos son, lo he dicho, los caracteres de la primera ilusión. La tercera oración no comienza, como la segunda, fijando la atención del espíritu sobre los sentidos exteriores, sin distinguir a los enemigos del interior, ya que ésta es, lo hemos visto, los mejor manera de recibir los golpes sin poder devolverlos, de estar herido sin darse cuenta, de ser llevado en cautiverio sin resistencia…

Si, además deseas aprender la manera de orar, te lo diré, lo mejor que sepa, con la ayuda de Dios. Ante todo, es necesario adquirir tres cosas – luego te dedicarás a tu objeto – : indiferencia respecto a las cosas razonables (permitidas) e irrazonables (prohibidas), es decir, estar muerto a todas las cosas; una conciencia pura, cuidándote en tus actos de toda condena de tu propia conciencia; finalmente, desprendimiento, inmovilidad ante toda pasión que te haga inclinar hacia el siglo presente o hacia tu propio cuerpo.

Siéntate luego en una celda tranquila, en un rincón apartado, y dedícate a lo siguiente: cierra la puerta y eleva tu espíritu, sobre el centro de tu vientre, es decir, sobre tu ombligo; comprime la aspiración del aire que pasa por la nariz de modo de no respirar fácilmente y escruta mentalmente el interior de tus entrañas buscando el lugar del corazón, el sitio que todas las potencias del alma gustan frecuentar.

Al principio sólo encontrarás tinieblas y una opacidad pertinaz, pero si perseveras, si noche y día practicas (sin cesar) este ejercicio, encontrarás, ¡oh maravilla!, una felicidad sin límites.

Pues tan pronto como tu espíritu haya encontrado el lugar del corazón, verá de un solo golpe todo lo que jamás había visto. Verá el aire que se encuentra en el interior del corazón y se verá a sí mismo, enteramente luminoso y colmado de discernimiento. Además, si algún pensamiento apunta, no tendrá tiempo de formarse ni para convertirse en imagen, pues él la perseguirá y la reducirá a la nada mediante la invocación de Jesús. El espíritu, en su resentimiento contra el demonio, excitará la cólera que la naturaleza le ha dado contra los enemigos espirituales y los expulsará a grandes golpes. El resto lo aprenderás, con la ayuda de Dios, practicando el cuidado del espíritu y reteniendo a Jesús en tu corazón. “Siéntate, se te ha dicho, en tu celda y ella te enseñará todas las cosas”.

¿Porqué la primera y la segunda formas de atención son incapaces de hacer un monje completo?

Teolepto de Filadelfia (1250-1321)

Cuando hayáis suprimido, en lo exterior, las distracciones; cuando hayáis, en lo interior, renunciado a los pensamientos, vuestro espíritu despertará a las obras y a las palabras espirituales.

“El monje debe tener el recuerdo de Dios por la respiración”; otro más, que “El amor de Dios debe pasar a través de nuestra respiración” y Simeón el Nuevo Teólogo dice: “Comprime la aspiración de aire que pasa por la nariz de manera de no respirar cómodamente”…

El tomo hagiorita

Aquél que trata de Mesalianos a los que consideran al cerebro o al corazón como asiento del espíritu, que lo sepan: atacan a los santos. San Atanasio coloca el asiento de la razón en el cerebro, Macario, cuyo resplandor no es inferior, coloca en el corazón la operación del espíritu

Nicodemo el Hagiorita (1749-1809)

Dionisio el Areopagita, en su pasaje sobre los tres movimientos del alma, llama, a esta conversión, el movimiento circular y sin desviación del espíritu. Del mismo modo en que la periferia del círculo vuelve sobre ella misma y se une a ella misma, así el espíritu, en conversión, vuelve sobre sí mismo y se hace uno. Es por ello que Dionisio, el más excelente de los teólogos, ha dicho: “El movimiento circular del alma, consiste en su entrada en ella misma por el desprendimiento de los objetos exteriores y en la unificación de sus potencias intelectuales, la que le es conferida por su ausencia de desviación, como en un círculo” (Noms divins, cap. 4), por su lado, el gran Basilio nos dice: “El espíritu que no está disperso entre los objetos exteriores ni extendido sobre el mundo por los sentidos, vuelve hacia sí mismo y sube por sí mismo hacia el pensamiento de Dios” (Carta 1)

… las palabras del divino Nilo (Evagrio): “En la oración, no te figures la divinidad, no dejes a tu espíritu sufrir la impronta de una forma cualquiera, permanece en cambio, inmaterial ante lo Inmaterial, y tú comprenderás” (Acerca de la oración, 56).

Razones por las que se debe retener la respiración durante la oración.

Porque la retención mesurada de la respiración atormenta, comprime y, además, hace penar el corazón que no recibe el aire reclamado por su naturaleza. El espíritu, por su lado, gracias a este método, se recoge más fácilmente y retorna al corazón, por causa, a la vez, del esfuerzo, del dolor del corazón y del placer que nace de ese recuerdo vivo y ardiente de Dios. Pues Dios procura placer y alegría a aquellos que lo recuerdan según las palabras: “Cuando de Dios me acuerdo, gimo” (Salmo, 76, 4). Aristóteles señaló, por otra parte, que el espíritu se localiza y se recoge en el órgano que experimenta la sensación de pena o de placer.

…Si deseáis saber más, leed en el libro de la santa Filocalia el tratado de San Nicéforo, el discurso de Gregório de Tesalónica sobre los santos hesicastas y la Centuria de Calisto e Ignacio Xanthopoulos.