La idea de extraer los “aceites esenciales” nos remonta a un lugar y momento en el que el ser humano se preguntaba por aquello esencial que animaba los cuerpos, que vivía en ellos y le daba su cualidad o cualidades, eran como los “dones” de las piedras, las plantas, los animales.
Extraer la “esencia” era como encontrar la “materia prima”, aquello que constituía primeramente los seres y que en su aspecto externo se aparecía de modo distinto.
Ya desde el acercamiento al fuego el ser humano manifestó un extraordinario interés por captar la esencia de las cosas y ese impulso o interés es tan fuerte que pone en peligro su vida, pero también le lleva a hacer descubrimientos muy importantes acerca de sus posibilidades.
Tal vez el aparato femenino esté mejor dotado en algunos aspectos, más sensible y utilizable en la observación y estudio de algunos fenómenos ya desde muy antiguo.
La mujer cuidada de sus hijos, las daba la comida, velaba por la “conservación” de su clan, su familia y esa tendencia a especializarse en la conservación hace que capte aspectos referidos a la observación de los fenómenos del medio inmediato, como la “conservación del fuego”, y tal vez su “producción”, así como la observación sobre las costumbres de los vegetales y los animales que la hacen intuir su posible uso.
Esta observación permanente y acumulativa en el tiempo hace captar la idea de que adentro de los seres vive algo que se oculta a la mirada, que cambia con las estaciones, con las edades, pero que le da su “idea o principio esencial”.
De modo que si consiguiéramos conocer este principio tal vez se podría manejar o modificar ese ser, hacerlo “domesticable” y por tanto “usable”, sería un poder para avanzar hacia la continuación en el tiempo.
La idea de poder dar vida, crear la vida, conocer el principio activo, el principio esencial del ser humano, le ha llevado a investigar desde antiguo, siempre movido por su intención de perpetuarse, en su afán de inmortalidad.
Esa intención que surge en uno y que va más allá de uno, motoriza la búsqueda incesante que generación tras generación, civilización tras civilización continúa expresándose.