Ténetor II orientó el Proyecto hacia la investigación de las mejores producciones humanas en la que tanto “cientificistas” como “historicistas” estaban de acuerdo. Puesto en la tarea logró una inmensa recopilación de aquellos conocimientos científicos y artísticos que habían logrado una mejora en el proceso humano capacitándolo para superar el dolor y el sufrimiento. Desde la dirección del Comité dio un fuerte impulso a la selección del personal que debía capacitar a las nuevas promociones en las ideas del Proyecto. Fue una tarea ardua que acometió personalmente, detectando gente capaz de salir de las creencias y moldes establecidos en el Sistema, y que manejaban su vida en base a valores y conductas atípicas según el punto de vista aceptado por el eficientismo en boga. Cuando ese singular contingente estuvo listo llamó a la organización, “Comité para la Defensa del Sistema Nervioso Débil” desarrollando sus actividades como institución dedicada a rescatar y proteger individuos intelectualmente ineptos en cuanto a su adaptación al Sistema. Por otra parte, dividió al Comité en secciones especializadas y desde una de ellas, produjo material educativo para los inadaptados de todas las latitudes. Al mismo tiempo, desarrolló protectores de programas y antivirus, para las compañías de programación que luchaban contra los piratas informáticos.

Ténetor II se instaló en la Mesopotamia para llevar adelante un estudio de campo y desde allí se mantuvo en contacto permanente con la sede del Comité. Pero un buen día, cuando se desplazaba entre los ríos Tigris y Éufrates, cesaron sus señales. A las pocas horas Faro y Hurón llegaron al lugar, como equipo de rescate, pero sólo encontraron su vehículo, sus aparatos de medición y un cristal informativo. A partir de ese momento, no se tuvo más noticias del expedicionario.

Los caracteres vivientes

Ténetor III se detuvo en la caverna. Estaba en condiciones de salir al espacio exterior. “¿Cuál espacio exterior?”, se preguntó. Hubiera bastado con sacarse el casco para encontrarse sentado en el recinto anecoico. En esa duda recordó la desaparición de Ténetor II, y la incoherente información que entregó el cristal al ser activado: una holografía monótona en la que el expedicionario aparecía cantando en largo lamento. Eso era todo. Pero también rememoró la voz de su maestro. Sintió los poemas que tanto tiempo atrás aquél hiciera ondear como brisa marina; escuchó la música de cuerdas y el sonido de los sintetizadores; vio los lienzos fosforescentes y las pinturas que crecían en las paredes de manganeso flexible; rozó nuevamente con su piel las esculturas sensibles… De él había recibido la dimensión de ese arte que tocaba los espacios profundos, profundos como los negros ojos de Jalina, profundos como ese túnel misterioso. Aspiró con fuerza y avanzó hacia la salida de la gruta.

Era una hermosa tarde en la que estallaban los colores. El sol arrebolaba las líneas montañosas mientras los dos ríos lejanos serpenteaban en oro y plata. Entonces Ténetor III asistió a la escena que la holografía había mostrado fragmentariamente.

Allí estaba su predecesor cantando hacia la Mesopotamia:

 

Oh Padre, trae de lo recóndito las letras sagradas.

¡Acerca aquella fuente en la que siempre pude ver las ramas abiertas del futuro!