Lobo se reanima. Sentado en sus cuartos traseros levanta el pecho apoyando el resto del cuerpo en sus dos manazas de ovejero cachorrón. Con las orejas paradas y enfilando su hocico, me observa sin inmutarse. Sigo despotricando y él comienza a mirarme humanamente. Quedo desarmado y acaricio su hocico. Entonces siento un “clic” a mis espaldas. El disco rígido ha comenzado a trabajar. ¿Qué es esto? Los diodos luminosos guiñan y el zumbido de la impresora inunda la habitación. Me levanto y en dos trancos estoy frente a los aparatos, pero la impresora no devora más su papel; los diodos permanecen encendidos y quietos. Observo a Lobo que, sentado y estático en su rincón, clava en mi su mirada humana. Tengo la extraña sensación de que entre la TZ- 28300, Lobo y yo, se ha formado una estructura de espera. Entonces me decido. Arranco el trozo de papel escrito, lo pongo ante mis ojos y leo:

¿Acaso quieres alimentar a tu perro? ¿Acaso prefieres disolverlo en un ácido, un álcali o una sustancia neutra?

¡TECLEA LA RESPUESTA!