Desde la revolución industrial hasta la era nuclear, ha crecido la intervención del homo sapiens, en el ciclo natural. Esta intervención esta desregulando el sistema y concomita en todo el ambiente: modifica los filtros de ozono en la alta atmósfera; hace variar temperaturas del hábitat, acrecienta las unidades Roengten de radiación: desequilibra flora y fauna y deshecha material no biodegradable que compromete ciclos tráficos, reproductivos y respiratorios. Con un evidente aumento de la toxicidad, nuestro mundo se hace cada día. más inhabitable.

Y en la base de este desequilibrio, está la violencia: violencia contra la naturaleza y contra otros seres humanos, que en el campo social se expresa como explotación. discriminación y autoritarismo. De manera que la violencia física directa (que es la más ostentosa). oculta otras formas que le sirven de sustento. Hoy, el crecimiento del complejo militar-industrial, empobrece a vastas regiones y hace crecer diferencias y peligros. Nuestra visión del ser humano (máximo responsable de este biocidio), no es simple ambientalismo, ni ecologismo ingenuo, ni zoologismo racial o genético, ni es tampoco temor a la contaminación (que puede derivar en discriminación) sino que es sobre todo la advertencia del campo de la libertad que contempla y sufre entre opciones desalentadoras. Por todo esto decimos, que este proceso estructural puede tomar una dirección destructiva o constructiva, dependiendo de lo que cada uno haga. Y en esto somos claros: si todo está mecánica o biológicamente determinado, nadie puede modificar nada y entonces nuestra habitación, nuestro cuerpo, la vida misma, nuestro planeta y hasta el sol son un absurdo entrópico, que lleva del desarrollo de la vida a la muerte y sólo a la muerte.

No nos definimos como políticos, sino como seres humanos que quieren habitar un mundo habitable y que no están dispuestos a dejar en manos de los políticos tradicionales ni de los complejos militares-industriales la orientación de procesos que hoy perjudican a nuestro mundo y al mundo de nuestra descendencia. Y sí debemos actuar en el manejo de la cosa pública, no es por vocación, sino por necesidad de la vida misma, de la que somos su expresión más consciente. Porque eso somos: la respuesta de la vida amenazada. No convocamos a las mentalidades políticas, sino al ciudadano, al vecino, al valiente y al enamorado de la vida. Explícitamente, invitamos a la confrontación por medio de la no-violencia activa.

El ecopacifismo militante, quiere descentralizar el Estado patriarcal, quiere reducir y distribuir el poder en manos de unos pocos que disponen de un manejo y una cuota que no les corresponde; quiere barrios, municipios y regiones, que retengan el máximo poder de decisión; quiere una economía cooperativa. autogestiva y cogestiva: quiere autorregulación y no libre mercado mentiroso, que termina en monopolio; quiere reducción progresiva de gas-tos militares: no quiere polución. ni centrales nucleares, ni basureros radiactivos: ni fábricas de armas, ni empresas biocidas intoxicadoras y polucionantes: quiere salud, vivienda, educación y democracia económica y cultural. Quiere en suma, responsabilidad social y amor por el semejante y por la vida.