México D.F.
11/10/ 80
Charla ante un grupo de estudios en un intervalo de actividades.
Revisada por el autor el 14/10/96.

Al parecer, muchas personas que actúan en nuestro Movimiento tienen antecedentes. Vienen con unos ciertos antecedentes de voluntariedad, no de voluntarismo, que es cosa distinta. Aparentemente, hay muchos asistentes sociales, enfermeras, maestros, gentes que si bien desarrollan actividad, y actividad remunerada, parece que en la remuneración que reciben por su trabajo de ningún modo se sienten compensados. Y es cierto que si les pagan mal van a protestar más que los otros para que les paguen mejor, pero la orientación básica de sus actividades no termina en ellos sino que va hacia afuera; luego vendrá, por problemas cotidianos y demás, la necesidad de ser remunerados y todo esto. Desde luego, porque no se van a mover en el aire! Pero esas personas que aunque les paguen mal tienen esa fuerte tendencia a andar enseñando cosas, ¿qué quieren decirnos? Estos otros que andan de asistentes sociales, éstos otros que andan desarrollando actividad y no se ve claro qué ganan con eso.

Parece que en nuestro Movimiento hay muchas personas que tienen antecedentes de ese tipo… El que organizó su club de barrio, el que cuando era un chico armó un equipo de algo…Vienen a nuestro Movimiento y muchos de ellos son los que ponen todo en marcha. Otros no. Otros vienen en otras condiciones y buscando otras cosas, pero después entienden el significado de éstos trabajos y a su vez parten. Así es que son muchos los que se ponen en marcha tomando de nuestro trabajo un sentido y tomando una justificación interna. Se ponen en marcha un poco en la tendencia que ya tenían y un poco también utilizando la experiencia de cosas que habían hecho antes. Se lo puede observar, hay muchos ejemplos. No sé como será acá, pero en todos lados del mundo numerosos amigos tienen esas características y coinciden, en general, con los que ponen en marcha cosas. Tienen en su biografía antecedentes de ese tipo.

Pero, ¿por qué algunas personas hacen cosas trascendiendo el rebote inmediato de su acción desinteresada? ¿Qué es esto?. ¿Qué es lo que hacen con su cabeza para moverse de un modo tan extraño?. Desde el punto de vista de las sociedades consumistas, esa es una forma atípica de moverse. Todo aquel que ha nacido, se ha educado, se ha desarrollado, ha recibido el impacto y la difusión de una estructura consumista, necesariamente tiende a ver el mundo en sentido de nutrición personal. A ver si me explico. Yo soy un consumidor, luego tengo que tragarme las cosas. Yo soy una suerte de gran buche que debe ser llenado. De ninguna manera en mi cabeza surge la idea o el registro de que algo debe salir de mí. Al revés, yo puedo decir :» Bastante sale de mí como para tener derecho a esos bienes de consumo, o acaso no trabajo tantas horas en la oficina, no cambio mi tiempo que debería estar dedicado exclusivamente al consumo, no pago con mi tiempo todo ese tiempo que dejo de consumir para trabajar en el sistema ?» Efectivamente y está bien planteado. El, a su modo, cambia horas de trabajo, horas-hombre, por remuneración. ¿No es cierto?. ¿Pero dónde está puesto el acento? El no pone el acento en la actividad que despliega frente al mundo. El considera esto un mal necesario para que el circuito termine en sí mismo. Así están montados los sistemas de un signo y otro signo. La cosa es la misma: el consumidor.

La población se está poniendo neurótica. Lógicamente, porque hay un circuito de entrada y otro de salida. Y si cercenamos el circuito de salida, va a haber problemas. Pero bueno, el hecho es que la generalidad de las personas están en esta historia de recibir, y al cundir la ideología del recibir no se explican, las gentes, cómo pueden haber otros que simplemente pueden hacer cosas sin recibir. Desde el punto de vista de la ideología consumista, esto es extremadamente sospechoso. ¿Por qué motivo alguien se va a mover sin recibir una paga equivalente? Esa sospecha, en realidad, lo que revela es un pésimo conocimiento del ser humano, porque ellos han comprendido la utilidad en términos de dinero y no saben que existe la utilidad vital, la utilidad psicológica. No falta el que con un elevado nivel de vida (que tenga solucionados los problemas laborales, los problemas sanitarios, los problemas de vejez, los problemas de jubilación), se nos tira por la ventana, o vive todo el día alcoholizado, o drogado, o en una de esas asesina a su vecino.

Nosotros reivindicamos públicamente algo que está desprestigiado. Reivindicamos al que salta de su cama porque se está incendiando una casa próxima. Él, rápidamente se pone la ropa, se pone su casco, sale corriendo, va a apagar el incendio y cuando vuelve (a las seis de la mañana: lleno de humo, chamuscado, con heridas), su mujercita del alma le tira los platos en la cara, diciendo: «Cuánto te pagan por eso? vas a llegar tarde a tu trabajo y vas a crearnos un problema y una situación familiar por tus rarezas !”. Y cuando va por la calle, lo señalarán diciendo: «Sí, ese es el bombero voluntario». Una suerte de idiota frente a otros que al sentirse tan a gusto consigo mismos, se tiran por la ventana. Normalmente, los bomberos voluntarios no se tiran por la ventana. Es decir que ellos, a su modo, empíricamente, han encontrado una forma de aplicación de la energía hacia el mundo. Ellos no solo han podido lanzarse catárticamente a ciertas actividades (también los otros pueden hacerlo a través del deporte, a través de la confrontación, a través de muchísimas operaciones), sino que pueden hacer algo más. Ellos pueden, a diferencia de los otros, hacer algo mucho más importante: poner un significado interno en el mundo. Y en ese caso cumplen con una función empíricamente transferencial. Están componiendo contenidos que parten de ellos hacia el mundo y no están respondiendo a estímulos convencionales. Es muy distinto el que está obligado a hacer determinadas cosas y por hacerlas luego es remunerado, que éste otro que parte de su mundo interno hacia el mundo externo y en él se expresa. En él, voluntariamente, plasma contenidos que no están nada claros para sí mismo y, a veces, trata de comprenderlos con palabras como “solidaridad” sin entender cuál es el significado profundo de tal vocablo. Es más: éste pobre voluntario (cada vez que llega a su casa le tiran los platos y se mofan), va a terminar pensando que él, efectivamente, es una suerte de estúpido y va a concluir: «siempre me pasa a mí esto». Ni qué hablar si en vez de un voluntario se trata de una voluntaria. En esta sociedad, la cosa es mucho más grave todavía.

Al final, estos voluntarios terminan humillados y asimilados por el sistema porque a ellos nadie les ha explicado cómo es todo esto. Ellos saben que son distintos a los demás, pero no pueden darse explicaciones sobre lo que hacen. Y si los tomamos y les decimos: «bueno, a ver, expliquen qué ganan ustedes”, van a balbucear y a encogerse de hombros como si tuvieran que ocultar algo vergonzoso. Nadie los ha clarificado, nadie les ha dado las herramientas suficientes para explicarse y explicar por qué ese enorme potencial que tienen lo vuelcan hacia el mundo sin esperar retribución. Y eso, desde luego, es muy extraordinario.

Silo.