Otro punto que tenemos es el punto del llamado pedido. El pedido.
Si pedimos, es por qué alguien escucha ¿Quién escucha?
Para trabajar bien con el pedido es necesario efectivamente que haya una necesidad muy profunda en nosotros. Si no hay esa fuerte necesidad, tal pedido es una mascarada, es un carnaval, es un fantocherío. ¿Qué voy a andar pidiendo yo cosas que no necesito. Y por qué tengo que pedir? Mientras que si experimento la necesidad, como hace la gente cábala, ¿no? Para que le salgan las cosas, ojalá que no se qué, ojalá, ese ojalá es una forma también de pedido, ojalá que no se salga a quién se le pide.
Pero todos esos amuletos, patas de conejo, todas esas historias tienen que ver con pedidos para que las cosas salgan bien. ¿Por qué hay en el hombre esa tendencia? Claro, esa tendencia se la puede canalizar de un modo o se la puede canalizar de otro. Si yo prendo velas a un santo y le encargo al santo que levante al muerto, entonces el santo se encarga del muerto y yo… la tengo olvidada.
Los tibetanos, mucho más exagerados todavía, hacen cosas magníficas. Escriben una oración en un papiro, en un papel, lo enrollan bien en un aparato, lo ponen en un sistema como de hélices y entonces va girando con el viento y él reza. Eso es admirable, ¿verdad? Y es una máquina de oraciones.
<<???>>… Eso es muy lindo. Entonces ya ven ustedes cómo cambia la oración, ¿no? Según se la transfiera el otro, el otro va a actuar, entonces ya no tiene nada que ver.
Y ahora imagínense ustedes, en vez de un santito, imagínense si le pido a Dios. Si yo me dedico a Dios, cuanto más grande Dios, más fuerte Dios, entonces mejor mi pedido. Ha, ha… Esa es una encerrona, porque cuanto más grande Dios, más chiquito yo. ¿No es cierto? Entonces, más grande Dios, más chiquito yo y miren ustedes, en el medio no tengo un cura y la cosa está fácil. Se maneja todo. Ese pedido vertical de la oración nos revela a nosotros muy bien la cuestión del intermediario. Y la intermediación en la oración nos quita a nosotros toda carga en la vida cotidiana.
Tratando de solucionar ese problema, los cristianos se daban cuenta de eso y decían, claro, todo era Dios. Salió uno por ahí y dijo, adiós rogando, pero con el mazo dando. Porque si no, las cosas ya vienen demasiado fácil, se nos van a convertir en budistas con la oración y tanta historia. ¿No es cierto?
Nuestro pedido está lanzado hacia algo que necesitamos efectivamente que se produzca, pero está lanzado en esa dirección. Si ahora me importa, en el ejemplo que ponemos siempre, que mi padre que está en el hospital se restablezca, porque siento poderoso afecto por mi padre y me importa que se restablezca, que salga del hospital. Entonces, si yo concentro esas emociones positivas fuertemente en mí, y además lo represento fuertemente, es muy probable que al día siguiente vayan los antibióticos en esa dirección. ¿No se si se nota?, se nota la tonicidad muscular en la dirección de lo que busco.
Tomen una idea, representen una imagen fuertemente, experimenten fuertes emociones en esa dirección y van lanzadas (???) corporal. Numerosos ejercicios y prácticas en distintas religiones y demás, se basan en ese principio también de la tonicidad muscular, el tono hacia lo que se representa. ¿Notan ustedes?
Dirán, pero yo me he enterado que uno con la oración y demás no necesitó ir allá porque el padre se levantó y se restableció. Entonces ha habido una cuestión ahí, parapsicológica. Si la hay es mejor, venga, si no la hay, de todos modos, conocemos el principio. ¿Entienden ustedes?
O sea que nosotros no basamos el fenómeno del pedido en las fuerzas parapsicológicas, que no negamos, pero no lo basamos ahí, lo basamos en fenómenos internos de tonicidad que corresponde a imagen. Esa es la base de explicación.
Y no es que bueno, si, yo concentro fuertemente emociones, imágenes y demás, entonces hay una fuerza, sí, que va y actúa. Si va y actúa, está bueno y si no actúa, no importa, sabemos cuál es la explicación. ¿Se entiende? Y todo lo demás se os dará por añadidura. Por añadidura, de manera que estamos en el problema.
Cuando nosotros hablamos del pedido, no le pedimos a nadie, así que es mejor que nos vayamos buscando otra palabra, ¿eh?. Sino que hablamos de una fuerte representación y un gran sentimiento emotivo lanzado en esa dirección. Si no hay tal cosa, no hay tal necesidad, entonces, no pido nada, porque no hay por qué pedir nada si uno no debe pedir. ¿No es cierto? Y con eso se termina esa nota.