El Fuego

Observaciones producto de conversaciones con uno de nuestros estudiosos.

Considerando el tema resulta que es de mucha importancia y relevancia porque a) No esta muy estudiado por los arqueólogos o antropólogos, lo cintan como al pasar, dicen; ‘se descubrió el fuego’ y punto. Como con la invención de la rueda, como si fuera algo normal y allí se quedan. b) Pero no es así, porque es un acto muy significativo ya que otras actividades de los homínidas, si bien importantes, no ponían en juego su vida. Como el caso del tallado y posterior pulido de piedras, puntas, palos etc.; o incluso el uso de ropajes, cosa que está bien, como la confección de numerosos utensilios, pero no es tan importante. Aquí se diferenció de los demás animales y se jugó su vida, fue un hecho trascendente de enormes consecuencias.

Aquí es temerario, se atreve a ello superando su tendencia a huir frente al fuego, como los demás animales y como seguramente habría hecho antes. Tal vez un individuo empezó con eso y los demás lo verían como raro, quizás se quedó en una situación limite, acorralado en un incendio, ante un volcán, etc., y tuvo que dar respuesta a esa situación, la cual habría observado antes, innumerables veces, con asombro y curiosidad.

Y así, poco a poco, con su capacidad de dar respuesta diferida, un día lo recogió, pero después se le apagó, y otra vez de nuevo, a empezar hasta que aprendería a guardarlo, a conservarlo. Se atrevió esa vez a recoger un tizón encendido y vio como conservarlo; allí empieza este proceso, el cual se inicia como una rebelión contra lo natural, contra esa huida frente al fuego, aquí se lanza un proceso como en contra de lo establecido, de lo natural; un gesto de no-aceptación y de transformación de lo dado.

Ese acto mental de arrojo es importante porque al revelarse contra lo natural, deja de hacer lo de todos los demás animales y de lo que se venía haciendo siempre.

Esto llevó muchísimo tiempo. Se sabe que esto ha sido casi hace un millón y medio de años, un largo lapso paleo histórico. Se lo ha constatado al hallar estratos con cenizas de esas épocas.

Además, se inicia una época en la que varía la relación entre los grupos de humanos, entre los que lo tienen y los que no. Comienzan así los hurtos de tizones encendidos de unos a otros, donde el robo del fuego de unos grupos a otros, fue también una época larga y muy significativa. Tal como lo confirman los etólogos (Etología, del griego: costumbres. Definición de RAE: Estudio científico del carácter y modos de comportamiento del hombre.) más que arqueólogos -al estudiar el pasado más remoto, que saben por tradición oral de generaciones anteriores al lenguaje escrito, que es sólo de 6000 año- de alusiones el robo del fuego de unos a otros. Hablamos de algo de cientos de miles de años atrás, donde consta que ‘los grupos de homínidas se robaban el fuego unos a otros’, ya que aquello era algo muy importante.

Así pues, esa etapa de conservación del fuego dura como un millón de años aproximadamente. Hasta que viene el segundo paso de producirlo.

Los estudiosos no entran en este singular tema. Hablan de huesos, de tamaños, de cosas no tan relevantes como este fenómeno de cómo empezó esto del dominio del fuego, que da lugar a muchas otras cosas. Al querer conservarlo descubren que materiales son aptos y cuales no, que al usar barro como recipiente primario, este se cuece y surgirá entonces, mucho más tarde, la alfarería.

También verán que hay formas más idóneas, como que las cóncavas sirven mejor que otras, y así siguiendo, hasta la cocción de alimentos y la posterior e incipiente metalurgia al fundir metales, en las famosas edades de hierro, de bronce, etc. Pero para ello ha ido haciendo cambios internos, mentales, desde vencer aquella primera resistencia a afrontar el fuego, hasta los actuales desarrollos.

En cuanto a quienes estudian estas cosas del hombre primitivo, es como que no saben qué hacer con ese fenómeno, de hecho hay muy pocas referencias, o casi ninguna, que demuestre una investigación seria del mismo, a considerar cómo es que descubrieron el fuego y todo lo que conlleva. Los investigadores comunes, al parecer, no cuentan con tecnología sicológica suficiente como para abordar este tema tan substancial y sacar conclusiones de cómo es que se les ocurrió a aquellos seres primigenios observar, afrontar, y posteriormente recoger fuego y conservarlo. Eso de “la ocurrencia” es muy importante. ¡Luego se les ocurre producirlo! Tampoco saben qué hacer con los mitos que atestiguan estas cosas, puesto no sólo Prometeo menciona aquello de “robar el fuego a los dioses para darlos a los hombres…”, hay muchas más referencias.

Varios de los mitos que conocemos vienen de la época del barro y posteriormente de la alfarería. Pero hay indicaciones anteriores, de tiempos muy remotos.

Este tema es importante para nosotros, siempre ha estado ahí, y es bueno considerarlo, pero es largo, requiere dedicación.

De modo que esta respuesta diferida, esta ocurrencia de observar, recoger, conservar y más tarde producir el fuego, que implica una suerte de rebelión contra lo natural, parece definir en gran medida a lo humano. Al investigar las primeras intuiciones, las primeras ocurrencias y manifestaciones de lo humano, se ve que esta actitud de superar resistencias (como la de frente al fuego, al no huir sino de afrontar el extraordinario hecho hasta reproducirlo y dominarlo) es clave en su desarrollo posterior y es más significativo, claramente, que todos los demás hechos que se le atribuyen a los humanos primitivos.