Ordenemos un poco lo charlado hasta aquí.
Primeramente hablamos del trabajo de la atención, pasamos muy rápidamente por las distintas formas de la atención dividida y llegamos al trabajo de la atención dirigida. Ese fue un punto. Hablamos también de la oración y dijimos qué cosas no entendemos nosotros por oración y cuál forma de oración nos parecía adecuada.
Hablemos ahora de un tercer punto. El punto que se refiere a la Fuerza.
Ustedes saben, porque han trabajado con esto, que la fuerza es un fenómeno muy singular que de pronto se despierta en el hombre que se lanza en pos de ella.
Pero consideremos algunas cuestiones previas.
Sabemos que existen no sólo tres niveles de conciencia (aquél del sueño profundo, aquél del semisueño, aquél de la vigilia ordinaria), sino que hay otros niveles de conciencia que a veces se rozan. Ustedes por accidente han sentido un día una alegría muy súbita, o de golpe han logrado un estado de comprensión muy grande. También han leído que en todas las religiones hay fenómenos extraños de inspiración, de éxtasis, de arrebato, de reconocimiento, etc. Han visto que en algunas religiones primitivas (como el Vudú, o la macumba), la gente empieza a danzar con total pérdida de conciencia de sí, hasta que todo se convierte en motricidad pura y los sujetos experimentan que determinados espíritus los han “tomado”,
También ustedes han leído que algunas corrientes espiritas, trabajan con esto de que los espíritus se hagan cargo de un médium y hablen por boca de este médium.
En todas las religiones hay relatos extraordinarios acerca de la entrada de espíritus, acerca de la pérdida de conciencia, acerca de los fenómenos extraordinarios. Contemporáneamente están de moda formas refinadas de modificar los estados de conciencia, como sucede en la acción de drogas. Mediante la acción de drogas algunos hacen relatos extraordinarios de otros niveles, de otros estados, de una comprensión del mundo distinta. En efecto, estos estados existen. Pero sucede que en ninguno de esos casos (el de las religiones, y de la acción de drogas) hay control del fenómeno.
Nosotros hablamos de un trabajo conciente y los que han participado de aquello saben lo que es desatar esa energía interna, es decir: lograr un nivel de “despierto” mayor. Conocemos varias técnicas.
Una de ellas tiene que ver con esto de la sensación interna en el pecho de una forma esférica que se va expandiendo hasta que de pronto se suelta el mecanismo de la energía y uno comienza a transitar por estados más concientes (no por estados de pérdida de conciencia, que es la línea de caída, esa línea que nosotros llamamos de lo “crepuscular”).
Hay otra técnica que se refiere a un trabajo con formas, pero no como lo hacen los orientales con sus “yantras”.
Hay otra técnica: no llenando la conciencia de contenidos, sino vaciando la conciencia de contenidos. Pongamos un ejemplo: Si estamos aquí reunidos y se les sugiere: “busquen adentro de ustedes mismos, aquello que han buscado durante toda su vida”, ustedes dirán: ¿pero qué cosa es la que tengo que buscar?, si tuviera que buscar un florero, o una imagen, o el corazón, por último, la cosa seria fácil. ¿Pero qué es esto de “buscar adentro de uno mismo lo que se ha buscado durante toda la vida? Eso no está claro. Pues bien, en eso se basa esta técnica, se basa en no sugerir un determinado objeto.
Si nosotros sugerimos un determinado objeto interno, el acto que se refiere a él se completa en él y se detiene. Si nosotros no sugerimos el objeto, sino que lanzamos un acto de búsqueda de algo que no sabemos qué es, se produce el siguiente fenómeno: aparece una imagen, un automóvil, por ejemplo, y digo: “no, esto no lo he buscado toda mi vida”, y aparece un perro, “no, esto tampoco”. Entonces sucede que todos los contenidos que surgen no son el objeto propuesto y voy reconociendo por eliminación que no se trata de ninguno de ellos. En rigor: no sé qué cosa es la que he buscado durante toda mi vida. Es un sentimiento profundo, es un sentimiento muy adentro de uno mismo, al cual se va llegando a medida que se descartan todos los contenidos y todas las imágenes a las cuales se está acostumbrado ordinariamente. Mediante este procedimiento de un vaciamiento de la mente, también surge de pronto el fenómeno que conocemos como la fuerza.
Y hay una cuarta forma que también es por vacío mental. Pero antes hagamos una pequeña digresión. Ustedes reconocen que hay personas capaces de imaginar muy bien un objeto y hay otras que no tienen capacidad para imaginar objetos. Hay personas que recuerdan muy bien las caras, hay otras personas en cambio que recuerdan las voces. Hay personas que aprenden mejor leyendo, hay personas que aprenden mejor escuchando. Estamos hablando de dos formas de memoria conocidas desde muy antiguo: la forma de memoria visual y la forma de memoria auditiva. Hay personas que tienen mejor memoria para las representaciones visuales y otras para las representaciones auditivas. Entonces sucede que algunos, los más visuales, pueden imaginar cosas y trabajar con ellas, pero los otros no las imaginan bien. Todos, visuales o no, pueden, concentrándose en sí mismos, escuchar los “ruidos” de la propia conciencia. No son ruidos a huesos, no son ruidos cerebrales; me estoy refiriendo a contenidos de conciencia que si uno los observa bien, es tal como si los escuchara.
No estamos hablando de casos patológicos, de alucinados que escuchan voces; estamos hablando de que a veces uno está en conversación consigo mismo, que uno recuerda conversaciones, etc. Pues toda esa cosa auditiva que trabaja dentro de uno mismo, ésa es la que nos interesa vaciar en la conciencia. Nos interesa entonces, atender estos sonidos. Comenzamos por escuchar estos sonidos. Vemos que entre sonido y sonido, entre contenido y contenido a veces se producen silencios y sigue la cantinela y sigue la “conversación”. Entre problema y problema surge un silencio. Este silencio es el que nos importa. Cuando nosotros trabajamos atendiendo al silencio provocamos también un vacío mental del mismo modo que lo hacíamos antes al descartar contenidos. Ahora al descartar sonidos mentales, descartamos no sólo sonidos, sino también imágenes visuales. Vamos atendiendo a ese vacío mental, a ese silencio mental, y en ese trabajo es cuando de pronto también sobreviene esto que conocemos como la Fuerza.
Todos los que han trabajado con esto, reconocen las distintas técnicas. Hay otras que no son tan sicológicas, que son un poco más extrañas, que parecen manejarse más en el plano de lo trascendental, acción de Fuerza externa que ahora, no nos vamos a poner a discutir.