Hablemos un poco de la atención. Todos ustedes saben que existen distintos niveles de conciencia en el hombre. Todos nosotros pasamos diariamente por diferentes niveles de conciencia. En el nivel de sueño profundo, la atención (el manejo de la atención) es mínima, las imágenes se imponen a la mente y los ensueños son tan sugerentes que desaparece toda actitud de crítica y de autocrítica. Allí todo es sugestión.
Conocemos ese nivel primario, el nivel de sueño profundo, pero también reconocemos un nivel de semisueño. Aquél nivel del que se sale para entrar en la vida cotidiana, o aquél nivel por el que se pasa para entrar a la sugestión del sueño.
En este nivel del semisueño (nivel por el que pasamos todos los días), retazos de realidad pasan por nuestra mente, pero también los contenidos del sueño profundo nos invaden. Ya en este estadio, la conciencia de nosotros mismos aumenta. El nivel de autocrítica, el nivel de juicio propio, aumenta. Tenemos más control que en el sueño profundo. Eso está claro. Y desde allí seguimos transitando hasta encontrarnos en el estado actual, el estado de vigilia, más o menos consciente, donde nuestra atención ya, sí puede ser dirigida.
Es dirigida cotidianamente, pero no es dirigida en todo lo que hacemos. Y no lo es, porque no es necesaria esta dirección rigurosa para la vida. Hay una cantidad de actos mecánicos que encaramos en la vida diaria, que no requieren de toda nuestra atención. No es necesario para colocarse la corbata poner mucha atención en ese trabajo, ni para abrir ni para cerrar la puerta. Hay infinidad de trabajos mecánicos, infinidad de actividades en la vida cotidiana que no requieren especial atención. Sucede entonces, que en algunos casos ponemos atención, pero en la mayor parte de los casos no la ponemos, no nos es necesaria. Nuestros reflejos nos acompañan, nuestro trabajo mecánico va actuando sin conciencia de nosotros mismos. Tal es la situación de nuestra conciencia de vigilia, de nuestro estado normal, habitual, cotidiano.
Algo pasa entonces con ese “plus” de energía mental, algo pasa con ese resto de energía mental. ¿A dónde va todo eso si estamos haciendo las cosas mecánicamente? Si nos observamos un poco, descubrimos que por ahí surge un ensueño y por ahí una fantasía, y que a medida que avanzamos en la vida cotidiana, las fantasías y los ensueños pueblan nuestra mente. De tal manera que somos conscientes cuando ponemos mucha atención en un trabajo, pero el resto del día no somos conscientes de esos ensueños que surcan nuestra mente.
Estos ensueños se desplazan continuamente; estos ensueños tienen el poder sugestivo que tenían también los ensueños del sueño profundo. Llegando a casos muy exagerados hay quien “’duerme despierto”. Pero sin ser tan exagerados descubrimos que nosotros también en la vida cotidiana ensoñamos. Ahora mismo estamos charlando y mientras estamos charlando, infinidad de asociaciones cruzan por nuestra mente, infinidad de cosas que nada tienen que ver con este momento y con este tema surgen en nuestra conciencia. Es claro entonces, para quien se observa un poco, el descubrimiento de los ensueños y de las fantasías. Esas fantasías y esos ensueños tienen que ver con los niveles que habíamos comentado. Afloran desde los niveles anteriores esos contenidos, y al aflorar, nuestra capacidad de crítica y nuestra capacidad de autocrítica disminuyen.
En tal situación, la propaganda del sistema es sumamente apta para introducirse en nosotros. Un eslogan es tomado sin ningún juicio, sin ninguna autocrítica y es incorporado. La repetición de la TV es tomada sin ningún juicio, sin ninguna critica y es incorporada. Las creencias colectivas, o de grupo, o de amistad, o de pareja por último; rápidamente se trasmiten de unos a otros y se introducen a ese nivel de semisueño sin juicio y sin crítica.
De manera que la mayor parte del tiempo que pasamos en la vida cotidiana, no es una mayor parte de tiempo pasada en términos de conciencia; la mayor parte del tiempo que pasamos está manejada por los ensueños, manejada por los reflejos, manejada por las imposiciones del sistema, por las creencias sociales, por la propaganda. No somos absolutamente conscientes de nuestros actos, y eso por algo será. La naturaleza, que es tan sabia así lo ha previsto. Nosotros no pretendemos lograr distorsionar la naturaleza. Eso es descriptivamente, simplemente, lo que sucede. Encontrándose con esta situación mental es por lo que casi todas las religiones han tratado de sacar al hombre de esa suerte de sueño despierto.
Jesús y el Buda repiten a sus discípulos conceptos sobre el “despertar”. En todas las grandes religiones se habla de un despertar. ¿Pero de qué despertar estamos hablando si se supone que estamos despiertos? Seguramente estamos hablando de un despertar que tiene que ver con el estado de conciencia que puede desarrollarse aún en la vigilia ordinaria. Ese es nuestro punto. Todas las religiones se preocuparon (sobre todo en su origen) del problema del despertar.
Todas las religiones parecen haber sido en su origen sabias escuelas del despertar. Lo hicieron de distinto modo, lo adecuaron a sus distintos momentos históricos, lo manejaron con diversas técnicas.
Esas son las técnicas que nos interesan. ¿Cómo han procedido casi todas ellas en ese punto? En forma muy compleja, las escuelas tibetanas nos hablaron de recursos psicológicos para mantener el estado de conciencia de sí.
Los recursos de estas escuelas fueron pasando por traductores occidentales y llegaron hasta nosotros (uno de los ejemplares más evidentes de esa traducción de las escuelas tibetanas es el de Gurdjieff). Trataron, en todos los casos, de dividir la atención, lo hicieron con distintos recursos, veamos algunos.
Mientras estoy hablando con ustedes no me olvido de mi propio cuerpo, el no olvidar mi propio cuerpo aunque hable con ustedes, no deja lugar o margen a las divagaciones. Si hablo con ustedes y al mismo tiempo atiendo a mi cuerpo, se produce en mí una suerte de división atencional, la atención se divide. He aquí el problema. Esto nos lleva rápidamente a una discusión psicológica y nos lleva a enfrentarnos con las corrientes sicológicas que entienden que la conciencia es una unidad, que el foco atencional es único, que a la atención no se la puede dividir. Ellos explican que en todo caso, por una parte atiendo a una cosa, y luego atiendo a mi cuerpo y de acá salto a la cosa y salto a mi cuerpo: entonces se está produciendo una suerte de penduleo, pero en ningún caso admiten que la atención esté dividida. No vamos a entrar en esas discusiones.
Supongamos como hipótesis, que efectivamente el foco atencional puede dividirse. Si el foco atencional puede dividirse y no padezco la ilusión de la división atencional, en tal caso lo primero que observo es que las divagaciones no tienen ya lugar. Observo que los ensueños y las fantasías desaparecen. Numerosas son las técnicas para producir tal estado.
- La más primaria es la de atender a un punto del cuerpo en particular. Mientras estamos dialogando, atiendo a mi puño. Esa es la forma clásica, la más conocida. Hablábamos de que atiendo a mi puño: gran dificultad. Noto que mi atención salta del puño a la conversación, pero en ciertos momentos noto que la atención está dividida. Es claro que al trabajar con la atención y si atiendo a sus dificultades, poco margen me queda para divagar. La forma de trabajo descrita produce un tipo humano y una actitud frente al mundo. Sucede que al apretar mi puño y atender a lo que hago, al poco tiempo surge en mi un cierto cansancio. Para no perder el puño empiezo a apretarlo más; pasa más tiempo y sigo apretando más el puño… al apretarlo más empieza a rigidizarse mi brazo y luego mi cuerpo, la actitud que se produce con este tipo de trabajo es la actitud de un ser humano un tanto hierático, rígido, lento.
- Hay otra forma de división atencional: aquella forma en la cual no apelo a un punto localizado, apelo a la sensación difusa y generalizada de todo mi cuerpo, al conjunto de las sensaciones cenestésicas de mi cuerpo. Estamos ahora charlando, pero en cambio siento mi cuerpo difusamente. Esto genera un tipo humano de actividad distinto. Produce un tipo humano también lento, pero más apacible, más relajado.
- Hay una tercera forma de división atencional: aquella en la que estoy atento ahora a mi posición (no me interesa el intracuerpo, no me interesa un punto localizado), me interesa la posición espacial, la referencia de los objetos que me rodean. Esto produce otro tipo humano, un tipo humano de actitudes felinas, un tipo humano de relación con su contorno, un tipo humano de manejo de situaciones.
De todas maneras las distintas formas de división atencional crean contradicción en la vida cotidiana. La división atencional produce distancia entre el yo y el mundo; la división atencional, crea en mí la ambigüedad por una parte de estar en las cosas y por otra parte de estar en un punto de mi cuerpo. Por una parte estoy “adentro” y por la otra parte estoy “afuera” y noto en mí no sólo división atencional, sino una división total de mi ser.
Estas técnicas, en algunas religiones han sido reemplazadas por otros recursos, por ejemplo: determinados sacerdotes al dar sus sermones, imaginan que atrás de ellos está la cruz. Y mientras hablan con sus feligreses, mantienen una parte de su atención referida a la cruz. Otros hay que pueden ir en el colectivo o pueden ir caminando por la calle, mientras rezan mentalmente y hablan con nosotros (pero están rezando, siguiendo sus cuentas, de tal manera que mantienen de todos modos su división atencional). Están como ellos dicen “en presencia de Dios”.
Hay numerosísimas formas, pero todas las técnicas que tienden a despertar, todas las técnicas que tienden a la conciencia de sí, todas las técnicas que tienden a la formación de un centro de gravedad permanente, se basan en la división atencional. A nosotros nos importa también tal estado; nos importa ser conscientes de nosotros mismos, nos importa que las divagaciones no nos manejen; nos importa que la propaganda, los “slogans”, las incitaciones del sistema no nos controlen: pero no nos importa desconectarnos del mundo ni sufrir ambigüedad.
¿Cómo podemos hacer para que al par de ser conscientes, estemos en el mundo y estemos en las cosas con el mayor grado de eficacia posible?
Podemos distinguir bien entre la atención ingenua, que es la atención que uno pone cuando hace un trabajo difícil y la atención dirigida. Si yo estoy haciendo un cuenteo matemático, necesariamente debo atender, pero está claro que mientras hago el cuenteo me distraigo también. Y por otra parte, en cuanto termino ese trabajo entro nuevamente en el campo de las divagaciones.
¿Cómo hago entonces para mantenerme en la vida cotidiana en estado de atención? Lo hago adquiriendo un estilo, todo un estilo de vida que no se refiere a la atención en un caso particular de mi vida, sino que se refiere a todo lo que hago. No vayan a creer ustedes que esto es lo que sucede, sucede algo muy distinto. Estamos hablando de una actitud en la vida cotidiana por la cual mi atención está puesta en grado sumo en todo lo que hago, sea esto nimio o importante.
Dirán: trabajar con atención de ese modo, no produce división atencional, pero como hay atención esto me impide que las imágenes de todos los modos, trabajen y caiga nuevamente en el sistema de la “vigilia ordinaria con ensueños”. Pues no es así del todo. Sucede que al poner atención en lo que hago, estoy también trabajando con una suerte de división atencional. Sólo que esta división no es entre el objeto y un punto de mi cuerpo, no es una división en el mismo “plano”, no es una bifurcación de la conciencia, es una división en distintos planos de profundidad. Cuando estoy trabajando con atención en todo lo que hago, necesariamente debo tener un control para saber que no me distraigo. Si me siguen van a ver no es tan difícil.
¿Cómo me doy cuenta por ejemplo de que me he distraído?, me doy cuenta de que me he distraído gracias a que hay un centro de gravedad que me permite observarlo, si no, no me daría cuenta. Me doy cuenta que en un momento dado divago porque hay en mí un centro interno que me permite ver las divagaciones.
Cuando nosotros entonces hablamos de atención dirigida, no estamos para nada hablando de la atención ingenua que es la que aplicamos solo a determinados momentos de la vida cotidiana.
Y ahora hagamos una pequeña práctica para ver las dificultades que se nos presentan con la división atencional en cualquiera de sus formas y con la atención dirigida en el sentido que decimos. Tomen un número cualquiera de tres dígitos por ejemplo y divídanlo por otro de dos dígitos. Pero al hacer esta operación no olviden el puño. Veamos: traten de dividir tres números por otros dos sin olvidar el puño que es como proponen determinadas corrientes religiosas, determinadas escuelas sicológicas. Traten de dividir pero no olviden el propio puño. Fíjense qué pasa, pasa que van del puño a la operación matemática, pasa que van saltando de un lado al otro y cuando la cuenta sale es porque se metieron en el problema y se olvidaron del puño. Sin embargo, con mucho esfuerzo, con mucho trabajo podrían llegar a lograrlo. ¿Pero se imaginan ustedes el tiempo invertido y el esfuerzo invertido?. Tomen el mismo número, tomen el otro número que lo divide, hagan este cálculo matemático pero ahora con suma atención a la cuentas que están haciendo. No se preocupen del puño, preocúpense de poner suma atención a esa división que pedimos.
Acá han sucedido por lo menos tres cosas.
- Primero que la operación va mas rápido,
- segundo que no hay contradicción entre lo que hacen y en lo que están pensando,
- tercero que advierten cuando se distraen.
Ustedes ingenuamente se hubieran dicho: “lo hemos hecho” o “no lo hemos hecho”. Pero ahora advirtieron al trabajar de este modo que se distraían. Por ejemplo advirtieron que un momento estaban y en otro momento no estaban trabajando correctamente. ¿Y cómo pudieron darse cuenta de semejante cosa? Pudieron hacerlo gracias a que estaban trabajando con la idea de la atención dirigida. Si han captado esto, han comprendido experimentalmente lo que significa la diferencia entre atención ingenua y atención dirigida. Esta atención dirigida es la que nos importa a nosotros en la vida cotidiana como estilo de vida.
Tal trabajo no nos crea contradicción en el mundo, tal trabajo no nos crea ambigüedad. Por lo contrario, lanza toda nuestra energía en una sola dirección, nos permite efectividad. Claro está que ahí participan otros intereses, depende qué cosas nos importen a nosotros hacer en la vida cotidiana. Seremos efectivos en aquello que nos importe aunque nadie nos pida efectividad. Pero eso es ya otra cuestión que nada tiene que ver con la presente. El punto que hace a las técnicas de la atención y en particular a la atención dirigida como estilo cotidiano, está ya esbozado.
Si tenemos comprendido este tema podemos pasar al siguiente.