Sent: Sunday, December 28, 2003 10:52 PM
Subject: carta de Silo a Mayte
Hola, quiero compartir con Uds. una carta de hace unos 6 años que escribió Silo a Mayte en respuesta al aviso de ella a Silo de una enfermedad.
Personalmente el contenido de la carta fue muy importante para mi vida y me sirvió para reorientarla fortaleciendo una dirección muy profundamente querida.
Les copio la carta abajo, espero que para algunos sea de utilidad.
Con un abrazo
Roberto

 

Hola Mayte, Recibí tu mensaje. Afortunadamente, andan cerca Jorge y Miguel que son del oficio y, por otra parte, también esta a mano lo de la clínica Suiza. Con respecto a los tratamientos de Luigi Di Bella, en su momento Salvatore me comento algo y por eso (para evitar demoras e intermediaciones), te envío su ruta, a saber: mc8851@mclink.it

Si le escribes a Salvatore, explícale el cuadro del modo en que me lo describiste, agregando que los especialistas recomiendan hacer las cosas rápidamente. Por mi parte, si tuviera algún dato suplementario te lo enviaría de inmediato cosa que, por el momento, no es así.

En fin, decidas lo que decidas, creo que «poner la cabeza en su lugar» (al decir de Daniel), puede significar aclararse a que quiere jugar uno su futuro… en el sentido no de «durar» simplemente, como mucha gente hace, sino de dedicar la vida en una dirección.

Ese mecanismo se parece un poco al que realizan los creyentes cuando hacen sus «promesas». «Prometen» a sus santos o dioses, que si consiguen ayuda entonces pagaran el don recibido con alguna ofrenda. Esa postura es de una gran ingenuidad pero empíricamente sucede que ponen esa energía enorme que es la fe en una potente dirección.

Ese mecanismo lo conocemos y sabemos también que no es un proceso de racionalización sino de emociones lo mas profundas posibles, y como de imágenes se trata, al fin de cuentas estas operan con gran poder.

Vuelvo atrás y digo: decidas lo que decidas, «poner la cabeza en su lugar» seria definir el futuro en términos precisos para uno mismo, dedicando la vida a aquello que uno considera valedero definitivamente. Y eso, creo, es una gran ayuda; la única ayuda que uno puede darse internamente.

Confiando en que todo salga bien, recibe un afectuoso abrazo.

Negro.