Diálogos de La Comunidad

¿Porqué se insite en que el trabajo social más importante es aquel que se orienta hacia el logro de la paz?

Porque se parte de esa disyuntiva sin punto medio: paz creciente o destrucción creciente.

Sin embargo, gracias al equilibrio bélico, se ha podido mantener un largo periodo de calma desde 1945 hasta hoy.

Si se puede llamar “calma” a los 3 millones de seres humanos que (según datos de Naciones Unidas) han sido muertos en estos 15 últimos años, ¡qué sucedería en caso de producirse un desequilibrio!.

De todas maneras, han ocurrido guerras limitadas y no una destrucción general.

Si toma esa cifra de muertos, más la de inválidos permanentes y heridos ocasionales, multiplicándola por padres, hijos, parejas y parientes sobrevivientes, se encontrará con un número de afectados directos por acción de la violencia física, que superará la población de varios países reunidos.

No será necesario hablar de campos, aldeas y ciudades arrasadas; de éxodos masivos y poblaciones refugiadas; de hambre, enfermedad y desesperación como consecuencia directa de la violencia física, para comprender que esa “calma” a la que se alude, sólo puede respirarse a muchos kilómetros de distancia de los puntos de conflicto.

A pesar de todo, aún no ha estallado la tercera guerra mundial.

Así es, sin embargo la teoría del “equilibrio bélico”, permite un crecimiento y no una disminución del armamentismo ¿por qué no ir equilibrando hacia el desarme, en lugar de lo contrario?.

Seguramente, con el acortamiento de las distancias, merced al avance tecnológico, las grandes potencias necesitan defender zonas cada vez más amplias, vitales para sus intereses.

De acuerdo a ello, llegará un momento en que no habrá punto en el planeta que no sea de interés vital para alguna superpotencia. Con ese pretexto, ya podemos ir despidiendo a la libertad, a la justicia, al derecho y a toda nación que no sea poderosa.

Eso no es así, porque aún las naciones pequeñas están lanzadas a la carrera armamentista.

Observe el mapa de los conflictos armados y verá que estos se multiplican en la periferias de las potencias. De manera que las productoras de armas parecen estar muy interesadas en proveer a los “necesitados”, porque el mercado bélico también está en alza en los países subdesarrollados. Solamente que en ellos, si aproximadamente el 30% de sus presupuestos anuales se destina a gastos militares y no a actividades productivas, el empobrecimiento y la deuda externa tienden a multiplicarse.

Para las potencias, la actividad armamentista es también un drenaje económico. ¿Cuál sería la ventaja si no se tratara, como dicen, de gastos de defensa?

El armamentismo es, básicamente, guerra económica en la que un bando trata de hacer distraer recursos productivos al otro. Ahora bien, todo el material de rezago u obsoleto, debe ser colocado en otras áreas a fin de resarcir del mejor modo posible las inversiones realizadas en su momento.

Los poderosos aumentan su potencial bélico, desarrollan conflictos en su periferia y generan dependencia económica a su alrededor. Como, por otra parte, los llamados “puntos de interés vital”, empiezan a ser todos los puntos del mundo, cada gigante tendrá que custodiarlos directa o indirectamente, por medio de las armas. Hoy será la propia frontera, mañana el acceso a las vías de comunicación, luego los mares cálidos, más adelante las fuentes petroleras y de materias críticas… así siguiendo, hasta llegar al espacio exterior.

Aún suponiendo que las cosas sean así, no ha quedado demostrado que la guerra total sea inevitable. Es que a nadie se le ocurriría hoy, apretar el botón sin esperar respuesta inmediata del agredido.

Efectivamente, las potencias nos desean una guerra total en la cual quedarían destruidas, pero consideran factible la guerra nuclear restringida. Sin embargo, como el monopolio atómico es relativamente manejable, nadie está libre del accidente que podría precipitar una potencia menor, ni tampoco del chantaje que un pequeño grupo estaría en condiciones de ejercer.

Es cierto, no ha quedado demostrada la fatalidad de la hecatombe nuclear, pero al no ser una posibilidad remota, toda persona razonable debería actuar en favor de la posibilidad de la paz. Además, de seguir así las cosas, tampoco nadie estará exento de quedar entrampado en una zona en la que se produzca un conflicto restringido o un encuentro convencional como consecuencia del desarrollo bélico que propician las grandes potencias.

Si consideramos al aumento armamentista en los mismos términos discutidos hasta aquí, no se ve de qué manera un grupo de personas o una corriente de opinión, pudieran detenerlo.

No se trata de voluntarismos personales o grupales. Se trata de la crisis del sistema que acompañan al desarrollo bélico. Por ejemplo: las deudas podrían no pagarse y el sistema financiero entrar en colapso; determinados recursos esenciales, agotarse; las alianzas militares, fracturarse… la asfixia económica de las poblaciones, puede hacer cambiar el signo del sistema bajo el cual viven la violencia, entonces, llegaría a un nivel de contaminación cotidiano tal, que la seguridad personal se vería disminuida en cualquier ciudad y a plena luz del día. Terrorismo, delincuencia común, agresión y arbitrariedad en todos los niveles, puede llevar a las poblaciones a la explosión social.

En una crisis generalizada del sistema, los mecanismos de control se fracturan y los pueblos se orientan en dirección opuesta a los factores que les han acarreado sufrimiento. Los pueblos son amantes de la paz, pero sus gobernantes, ilegítimamente los arrastran al conflicto, aquellos los repudian también violentamente.

No se trata de voluntarismos. La crisis general del sistema está ligada indisolublemente al desarrollo bélico y, por tanto, se están creando condiciones de repudio activo hacia el sistema global. El punto está en que es necesario tomar conciencia y hacerla tomar a otros con respecto a que las prácticas violentas en todos los campos, son la traducción de la misma metodología de acción del sistema.

La violencia es propia de todas las especies animales y forma parte de la naturaleza humana, no de un sistema de vida particular.

No es el caso, ahora, de discutir acerca de la supuesta «naturaleza humana». Tal idea -de todos modos- se opone al progreso humano. Lo cierto es que la paz es posible en este momento crítico y en los momentos inmediatamente futuros que se avecinan, si los pueblos advierten que la violencia es parte de la metodología del sistema. Consecuentemente, la crisis podrá superarse oponiendo la metodología de la no-violencia.

Si el mundo hubiera opuesto la no-violencia al nazismo, hoy estaría de rodillas bajo su dictadura sangrienta

De ninguna manera. Por cuanto la violencia estaba generalizada en aquella época (casi tanto como en la actual), las dictaduras pudieron imponerse. ¿Cómo podrían los fascismos haberse instalado en medios no-violentos? No se puede aislar a un fenómeno de su contexto. Si se toma al nazismo una vez desarrollado y se le opone luego un medio no-violento, se equivoca el planteamiento intencionadamente. Las cosas son a la inversa: en un medio no-violento, las dictaduras no pueden desarrollarse.

De acuerdo a esa idea, la no-violencia está fuera de contexto por cuanto el miedo es ya fuertemente violento.

En principio es así, pero como la crisis general se acentúa y ya peligra de modo evidente la seguridad de los pueblos, vastas capas humanas se pliegan a los movimientos de paz casi instintivamente. Estamos, en ese sentido, en una etapa verdaderamente nueva. Si se tiene en cuenta en Europa, incluyendo la URSS, a los millones de personas movilizadas a favor de la paz; si se considera a los 700.000 manifestantes en Nueva York (todo ello en el año 1982), se verá claro que un nuevo estado de cosas se está entreviendo en la conciencia colectiva. Y son esas manifestaciones las que han presionado a los belicistas a reconsiderar posiciones. Desde luego que tales expresiones han resultado inorgánicas, pero debe reconocerse que han terminado arrastrando tras de sí a los formadores de opinión y aún a los líderes políticos y religiosos. Resulta evidente que se están polarizando fuerzas, a favor de la paz.

Supongamos que se quisiera lograr un cambio de situación global en base a la no-violencia, ¿qué se debería hacer?

Debemos responder como antes: no se trata de actitudes voluntaristas de individuos o grupos. Es inevitable que la crisis general del sistema, esté acompañada por el fortalecimiento de los movimientos de paz, de tal modo que a partir de la presión social estos comiencen a determinar la orientación de los estados, en dirección opuesta a la que hoy llevan.

En cuanto a la participación en tal corriente, hay dos actividades a tener en cuenta: el esclarecimiento y la movilización. Es decir: esclarecimiento, esclarecer a otros sobre el problema y simultáneamente, movilizar al medio en el que uno vive, a favor de la paz.

Pocas personas saben cuantos millones de dólares se gastan en armas por minuto. Pocas conocen las toneladas de explosivos distribuidas per cápita, entre los 4.300 millones de habitantes del planeta. La malloría ignora cuantos hospitales, escuelas, universidades y centros de investigación pueden levantarse con el presupuesto de armas. Solo unos pocos especialistas reconocen la cantidad y calidad de alimento (en todo caso fenomenal), que puede producirse con tales capitales; las áreas no fértiles que es posible abonar y las erosionadas que son posibles de ser recuperadas. Y desde luego que aún no se ha despertado completamente una conciencia ecológica que con el tiempo contribuirá a desterrar el crimen contra el ser humano y la naturaleza. Crimen alimentado especialmente por la voracidad de los círculos belicistas, indiferentes a la contaminación radiactiva y química.

El impulso que se dará a las zonas menos favorecidas el día que, efectivamente, las armas sean fundidas en herramientas de progreso, es algo aún no tenido en cuenta por el ciudadano medio, al cual deliberadamente se le ha retaceado ese tipo de información.

Por último, tampoco se han hecho esfuerzos para dar a conocer a las poblaciones cuanto más alto sería su ingreso, cuanto mejor su calidad de vida, cuanto más despejado su horizonte en seguridad y posibilidades, si el armamentismo estuviera declinando.

Esclarecer con estos tópicos, informando concretamente al medio en que uno trabaja y vive; hacer tomar conciencia en base a datos precisos a las colectividades políticas y religiosas en las que uno participa; trabajar para que tales informaciones se difundan por todo vehículo adecuado, es hacerlo a favor de la paz.

Y en cuanto a la movilización de capas cada vez más amplias de la sociedad en la dirección propuesta, todo aquello que las oriente organizadamente en acciones concretas y con una metodología no-violenta, es factor a tener en cuenta para la formación de un frente social en desarrollo.

Muy bien. Esclarecimiento y movilización. ¿Cómo se implementa todo eso de una manera sostenida y efectiva?

En base a organización. Una organización que esclarezca sobre las grandes lacras de la humanidad: la violencia física, la violencia económica, la violencia racial y la violencia religiosa. Una organización que permita a cada persona comunicarse consigo misma y que enseñe a desarmar la bomba de violencia que cada ser humano lleva en su interior.

Así es que se requiere una estructura que sea montada en base a centros de comunicación directa entre las personas y en la cual cada partícipe pueda asumir una nueva postura frente a la vida inspirada en la no-violencia. Esa organización, debe ser apta para orientar a capas cada vez más amplias de la población, en un frente común contra la violencia. Por lo demás, debe ser construida en el medio en el que se desarrollan las actividades cotidianas. El medio laboral, profesional, estudiantil y el medio habitacional y de relación: el barrio, la población, la familia y el grupo de compañeros.

Sin duda que en todo medio en que se desarrolla el trabajo diario, aparecen distintas manifestaciones de opresión y violencia. Es en esos ámbitos, donde mejor se puede esclarecer y movilizar en contra de la violencia física, económica, racial y religiosa. El ideal mayor y de más largo alcance, es el logro de una sociedad de paz, pero cada medio particular ofrece posibilidades concretas de acción para el esclarecimiento, la movilización y la suma de voluntades en la misma dirección. Muy frecuentemente, se llega a conclusiones generales desde los casos particulares. Por ello, es desde el lugar de actividad cotidiana, mediante la prédica y la acción no-violenta en contra de la injusticia que se sufre, desde donde (por la acción), comienza a comprenderse los problemas generales que vive una sociedad y, por último, toda la humanidad. Porque el ideal del mundo en paz, comienza a efectivarse en la práctica y en el compromiso diario con el medio en que a cada cual le toca vivir y en el cual cada uno debe luchar por lograr transformaciones positivas.

Según lo explicado, hay que distinguir dos niveles: el del pacifismo en general y el de la no-violencia en el ámbito cotidiano.

El pacifismo como actitud espontánea, frente al hecho armado de la guerra, es un buen comienzo. Sin embargo, las manifestaciones en ese sentido, resultan inorgánicas si no están acompañadas por la lucha en pos de la justicia, la antidiscriminación y la hermandad internacional de todos los pueblos. Las masas que concurren a expresarse en contra de la bomba, luego se disgregan, y cada cual regresa a su casa y a reemprender sus actividades cotidianas, como si en ellas existiera un mundo apartado del gran problema. Es este salto que se produce entre el pacifismo genérico y la acción cotidiana, el que se debe resolver de un modo coherente.

La no-violencia, es la metodología de acción del pacifismo, por tanto, la mejor herramienta para la liberación del sufrimiento social. La no-violencia trabaja con el «vacío», impulsando la denuncia, el repudio, la no cooperación con la violencia y, por último, la desobediencia civil frente a la injusticia institucionalizada.

Si el pacifismo espontáneo ingenuo o sentimental, llegará necesariamente a adoptar métodos de la no-violencia, en la medida en que se profundice la crisis general del sistema. Si el pacifismo inicial aspira a un mundo sin guerras, la no-violencia hace progresar tal ideal hasta convertirlo en el de la humanización de la Tierra. Esta humanización, sin embargo, debe comenzar en el medio inmediato de cada cual, de un modo efectivo, sostenido y, por consiguiente, organizado.

 

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La Comunidad proclama: ¡HUMANIZAR LA TIERRA!

La Comunidad no es uina agrupación política, ni religiosa.

La Comunidad es una fuerza moral en marcha, solidaria y no-violenta que se opone a la violencia física, económica, racial y religiosa y a todo aquello que trate al ser humano como a un objeto. Es, además, una fuerza social de participación y comunicación real.

La Comunidad alerta sobre el encerramiento y la incomunicación y explica que aquellos que se vuelven sobre sí mismos, o sobre grupos reducidos sin contacto con el mundo, se contaminan de sin-sentido y negatividad, contaminan a otros y extienden la enfermedad social del aislamiento, dejando el campo libre a la violencia.

La Comunidad invita a no abandonar ninguna actividad diaria. Si alguien pertenece a una organización, no debe abandonarla cuando vea algún defecto, sino trabajar en ella para que se convierta en un instrumento eficaz al servicio de la humanización. Por otra parte, si una persona piensa que la solución de la crisis debe ser política o religiosa, La Comunidad la estimula para que cumpla con su idea, participando activamente en esas direcciones y llevando allí los puntos de vista de la humanización.

Las relaciones humanas de La Comunidad, se expresan en este principio moral: “trata a los demás, como quieres que te traten”.

La idea original, es transformar al individuo y la sociedad por dentro. Se opone al espíritu de la secta, que es divisorio y al aislamiento de personas y grupos, presas fáciles del “lavado de cerebro” promovido por la falta de información y la propaganda manipuladora, al servicio de un sistema inhumano.