Conferencia sobre Religión Interior

30 agosto, 1974

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Aclaración: Durante el segundo semestre de 1974, Silo fue invitado a dar conferencias sobre Religión Interior en algunas provincias de Argentina.
La prensa, radio y televisión explicaron que en Buenos Aires y Mar de Plata, las conferencias fueron bruscamente interrumpidas y prohibidas por la policía sin una justificación razonable; en dichos sitios Silo no pudo exponer.
Sin embargo, en la ciudad de Mendoza, el 30 de Agosto de 1974, no surgieron inconvenientes de esa índole Y afortunadamente su exposición fue recopilada y posteriormente publicada para conocimiento de todos.
Ediciones del C.R.I. Colombia.

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El tema que hemos elegido es acerca de la Religión Interior. No vamos a tratar la Religión Interior en general, no vamos a encuadrarla en su contexto histórico, político y social, sino que vamos a hablar sobre determinados aspectos, aspectos muy específicos; técnicas precisas de trabajo.

La palabra “religión” hoy está muy mal vista por el racionalismo en boga, pero a nosotros no nos importa lo que piense el racionalismo en boga. No entendemos por religión, lo que se entiende hoy por religión, en cuanto a cultos, a sacramentos, a estamentos sacerdotales. Nosotros entendemos básicamente por religión a ese sentimiento profundo de ligazón con lo divino. Al hablar de religión interior, hablamos de ese sentimiento profundo ligado a lo divino, pero en el interior del hombre.

Hoy, pese a haber muerto dios en los templos, pese a haber muerto en los sacramentos y en los sacerdotes, está renaciendo en el corazón del hombre y está renaciendo en todas las latitudes del planeta. Está renaciendo en los países llamados occidentales; está renaciendo en los países orientales. Y no hay sistema político ni sistema económico que pueda detener este nuevo afán religioso que se despierta en las nuevas generaciones.

Nosotros sabemos todo esto, pero también sabemos que el sentimiento religioso está siendo canalizado por vías inauténticas. Este sentimiento está siendo instrumentado; este sentimiento quiere ser puesto al servicio de determinadas políticas, de determinada enajenación.

Nosotros no estamos por los nuevos cultos ni con las religiones nuevas prefabricadas, ni con los nuevos sacerdocios que quieren imponerse. Nosotros hablamos de una religión del hombre, una religión del interior del hombre.

Esta forma religiosa nueva tiene determinadas técnicas. Se parece más a un trabajo psicológico que a una religión. De hecho, no nos manejamos con ninguna forma de culto, no nos manejamos con ningún sacramento, no es en el sentido clásico una religión. Es el trabajo sobre un sentimiento religioso. En ese sentido vamos a hablar de tres formas de trabajo interno.

Como en la gran mayoría de los aquí presentes hay conocimiento de todo esto, nos vamos a dar el lujo de ser relativamente técnicos en nuestra exposición.

Las formas de trabajo tienen que ver con el manejo de la atención, tienen que ver con lo que llamamos oración, pedido, o plegaria (que no es tampoco lo que se entiende habitualmente), y tiene que ver con el manejo de la Fuerza.

Hablemos un poco de la atención. Todos ustedes saben que existen distintos niveles de conciencia en el hombre. Todos nosotros pasamos diariamente por diferentes niveles de conciencia. En el nivel de sueño profundo, la atención (el manejo de la atención) es mínima, las imágenes se imponen a la mente y los ensueños son tan sugerentes que desaparece toda actitud de crítica y de autocrítica. Allí todo es sugestión.

Conocemos ese nivel primario, el nivel de sueño profundo, pero también reconocemos un nivel de semisueño. Aquél nivel del que se sale para entrar en la vida cotidiana, o aquél nivel por el que se pasa para entrar a la sugestión del sueño.

En este nivel del semisueño (nivel por el que pasamos todos los días), retazos de realidad pasan por nuestra mente, pero también los contenidos del sueño profundo nos invaden. Ya en este estadio, la conciencia de nosotros mismos aumenta. El nivel de autocrítica, el nivel de juicio propio, aumenta. Tenemos más control que en el sueño profundo. Eso está claro. Y desde allí seguimos transitando hasta encontrarnos en el estado actual, el estado de vigilia, más o menos consciente, donde nuestra atención ya, sí puede ser dirigida. Es dirigida cotidianamente, pero no es dirigida en todo lo que hacemos. Y no lo es, porque no es necesaria esta dirección rigurosa para la vida. Hay una cantidad de actos mecánicos que encaramos en la vida diaria, que no requieren de toda nuestra atención. No es necesario para colocarse la corbata poner mucha atención en ese trabajo, ni para abrir ni para cerrar la puerta. Hay infinidad de trabajos mecánicos, infinidad de actividades en la vida cotidiana que no requieren especial atención. Sucede entonces, que en algunos casos ponemos atención, pero en la mayor parte de los casos no la ponemos, no nos es necesaria. Nuestros reflejos nos acompañan, nuestro trabajo mecánico va actuando sin conciencia de nosotros mismos. Tal es la situación de nuestra conciencia de vigilia, de nuestro estado normal, habitual, cotidiano. Algo pasa entonces con ese “plus” de energía mental, algo pasa con ese resto de energía mental. ¿A dónde va todo eso si estamos haciendo las cosas mecánicamente? Si nos observamos un poco, descubrimos que por ahí surge un ensueño y por ahí una fantasía, y que a medida que avanzamos en la vida cotidiana, las fantasías y los ensueños pueblan nuestra mente.

De tal manera que somos conscientes cuando ponemos mucha atención en un trabajo, pero el resto del día no somos conscientes de esos ensueños que surcan nuestra mente.

Estos ensueños se desplazan continuamente; estos ensueños tienen el poder sugestivo que tenían también los ensueños del sueño profundo. Llegando a casos muy exagerados hay quien “’duerme despierto”. Pero sin ser tan exagerados descubrimos que nosotros también en la vida cotidiana ensoñamos. Ahora mismo estamos charlando y mientras estamos charlando, infinidad de asociaciones cruzan por nuestra mente, infinidad de cosas que nada tienen que ver con este momento y con este tema surgen en nuestra conciencia. Es claro entonces, para quien se observa un poco, el descubrimiento de los ensueños y de las fantasías. Esas fantasías y esos ensueños tienen que ver con los niveles que habíamos comentado. Afloran desde los niveles anteriores esos contenidos, y al aflorar, nuestra capacidad de crítica y nuestra capacidad de autocrítica disminuyen. En tal situación, la propaganda del sistema es sumamente apta para introducirse en nosotros. Un eslogan es tomado sin ningún juicio, sin ninguna autocrítica y es incorporado. La repetición de la TV es tomada sin ningún juicio, sin ninguna critica y es incorporada. Las creencias colectivas, o de grupo, o de amistad, o de pareja por último; rápidamente se trasmiten de unos a otros y se introducen a ese nivel de semisueño sin juicio y sin crítica.

De manera que la mayor parte del tiempo que pasamos en la vida cotidiana, no es una mayor parte de tiempo pasada en términos de conciencia; la mayor parte del tiempo que pasamos está manejada por los ensueños, manejada por los reflejos, manejada por las imposiciones del sistema, por las creencias sociales, por la propaganda. No somos absolutamente conscientes de nuestros actos, y eso por algo será. La naturaleza, que es tan sabia así lo ha previsto. Nosotros no pretendemos lograr distorsionar la naturaleza. Eso es descriptivamente, simplemente, lo que sucede. Encontrándose con esta situación mental es por lo que casi todas las religiones han tratado de sacar al hombre de esa suerte de sueño despierto. Jesús y el Buda repiten a sus discípulos conceptos sobre el “despertar”. En todas las grandes religiones se habla de un despertar. ¿Pero de qué despertar estamos hablando si se supone que estamos despiertos? Seguramente estamos hablando de un despertar que tiene que ver con el estado de conciencia que puede desarrollarse aún en la vigilia ordinaria. Ese es nuestro punto. Todas las religiones se preocuparon (sobre todo en su origen) del problema del despertar.

Todas las religiones parecen haber sido en su origen sabias escuelas del despertar. Lo hicieron de distinto modo, lo adecuaron a sus distintos momentos históricos, lo manejaron con diversas técnicas.

Esas son las técnicas que nos interesan. ¿Cómo han procedido casi todas ellas en ese punto? En forma muy compleja, las escuelas tibetanas nos hablaron de recursos psicológicos para mantener el estado de conciencia de sí.

Los recursos de estas escuelas fueron pasando por traductores occidentales y llegaron hasta nosotros (uno de los ejemplares más evidentes de esa traducción de las escuelas tibetanas es el de Gurdjieff). Trataron, en todos los casos, de dividir la atención, lo hicieron con distintos recursos, veamos algunos. Mientras estoy hablando con ustedes no me olvido de mi propio cuerpo, el no olvidar mi propio cuerpo aunque hable con ustedes, no deja lugar o margen a las divagaciones. Si hablo con ustedes y al mismo tiempo atiendo a mi cuerpo, se produce en mí una suerte de división atencional, la atención se divide. He aquí el problema. Esto nos lleva rápidamente a una discusión psicológica y nos lleva a enfrentarnos con las corrientes sicológicas que entienden que la conciencia es una unidad, que el foco atencional es único, que a la atención no se la puede dividir. Ellos explican que en todo caso, por una parte atiendo a una cosa, y luego atiendo a mi cuerpo y de acá salto a la cosa y salto a mi cuerpo: entonces se está produciendo una suerte de penduleo, pero en ningún caso admiten que la atención esté dividida. No vamos a entrar en esas discusiones.

Supongamos como hipótesis, que efectivamente el foco atencional puede dividirse. Si el foco atencional puede dividirse y no padezco la ilusión de la división atencional, en tal caso lo primero que observo es que las divagaciones no tienen ya lugar. Observo que los ensueños y las fantasías desaparecen. Numerosas son las técnicas para producir tal estado. La más primaria es la de atender a un punto del cuerpo en particular.

Mientras estamos dialogando, atiendo a mi puño. Esa es la forma clásica, la más conocida.

Hablábamos de que atiendo a mi puño: gran dificultad. Noto que mi atención salta del puño a la conversación, pero en ciertos momentos noto que la atención está dividida. Es claro que al trabajar con la atención y si atiendo a sus dificultades, poco margen me queda para divagar.

La forma de trabajo descrita produce un tipo humano y una actitud frente al mundo. Sucede que al apretar mi puño y atender a lo que hago, al poco tiempo surge en mi un cierto cansancio. Para no perder el puño empiezo a apretarlo más; pasa más tiempo y sigo apretando más el puño… al apretarlo más empieza a rigidizarse mi brazo y luego mi cuerpo, la actitud que se produce con este tipo de trabajo es la actitud de un ser humano un tanto hierático, rígido, lento.

Hay otra forma de división atencional: aquella forma en la cual no apelo a un punto localizado, apelo a la sensación difusa y generalizada de todo mi cuerpo, al conjunto de las sensaciones cenestésicas de mi cuerpo. Estamos ahora charlando, pero en cambio siento mi cuerpo difusamente.

Esto genera un tipo humano de actividad distinto. Produce un tipo humano también lento, pero más apacible, más relajado.

Hay una tercera forma de división atencional: aquella en la que estoy atento ahora a mi posición (no me interesa el intracuerpo, no me interesa un punto localizado), me interesa la posición espacial, la referencia de los objetos que me rodean. Esto produce otro tipo humano, un tipo humano de actitudes felinas, un tipo humano de relación con su contorno, un tipo humano de manejo de situaciones.

De todas maneras las distintas formas de división atencional crean contradicción en la vida cotidiana. La división atencional produce distancia entre el yo y el mundo; la división atencional, crea en mí la ambigüedad por una parte de estar en las cosas y por otra parte de estar en un punto de mi cuerpo. Por una parte estoy “adentro” y por la otra parte estoy “afuera” y noto en mí no sólo división atencional, sino una división total de mi ser.

Estas técnicas, en algunas religiones han sido reemplazadas por otros recursos, por ejemplo: determinados sacerdotes al dar sus sermones, imaginan que atrás de ellos está la cruz. Y mientras hablan con sus feligreses, mantienen una parte de su atención referida a la cruz. Otros hay que pueden ir en el colectivo o pueden ir caminando por la calle, mientras rezan mentalmente y hablan con nosotros (pero están rezando, siguiendo sus cuentas, de tal manera que mantienen de todos modos su división atencional). Están como ellos dicen “en presencia de Dios”. Hay numerosísimas formas, pero todas las técnicas que tienden a despertar, todas las técnicas que tienden a la conciencia de sí, todas las técnicas que tienden a la formación de un centro de gravedad permanente, se basan en la división atencional. A nosotros nos importa también tal estado; nos importa ser conscientes de nosotros mismos, nos importa que las divagaciones no nos manejen; nos importa que la propaganda, los “slogans”, las incitaciones del sistema no nos controlen: pero no nos importa desconectarnos del mundo ni sufrir ambigüedad.

¿Cómo podemos hacer para que al par de ser conscientes, estemos en el mundo y estemos en las cosas con el mayor grado de eficacia posible?

Podemos distinguir bien entre la atención ingenua, que es la atención que uno pone cuando hace un trabajo difícil y la atención dirigida. Si yo estoy haciendo un cuenteo matemático, necesariamente debo atender, pero está claro que mientras hago el cuenteo me distraigo también. Y por otra parte, en cuanto termino ese trabajo entro nuevamente en el campo de las divagaciones. ¿Cómo hago entonces para mantenerme en la vida cotidiana en estado de atención? Lo hago adquiriendo un estilo, todo un estilo de vida que no se refiere a la atención en un caso particular de mi vida, sino que se refiere a todo lo que hago.

No vayan a creer ustedes que esto es lo que sucede, sucede algo muy distinto. Estamos hablando de una actitud en la vida cotidiana por la cual mi atención está puesta en grado sumo en todo lo que hago, sea esto nimio o importante.

Dirán: trabajar con atención de ese modo, no produce división atencional, pero como hay atención esto me impide que las imágenes de todos los modos, trabajen y caiga nuevamente en el sistema de la “vigilia ordinaria con ensueños”. Pues no es así del todo. Sucede que al poner atención en lo que hago, estoy también trabajando con una suerte de división atencional. Sólo que esta división no es entre el objeto y un punto de mi cuerpo, no es una división en el mismo “plano”, no es una bifurcación de la conciencia, es una división en distintos planos de profundidad. Cuando estoy trabajando con atención en todo lo que hago, necesariamente debo tener un control para saber que no me distraigo. Si me siguen van a ver no es tan difícil.

¿Cómo me doy cuenta por ejemplo de que me he distraído?, me doy cuenta de que me he distraído gracias a que hay un centro de gravedad que me permite observarlo, si no, no me daría cuenta. Me doy cuenta que en un momento dado divago porque hay en mí un centro interno que me permite ver las divagaciones.

Cuando nosotros entonces hablamos de atención dirigida, no estamos para nada hablando de la atención ingenua que es la que aplicamos solo a determinados momentos de la vida cotidiana.

Y ahora hagamos una pequeña práctica para ver las dificultades que se nos presentan con la división atencional en cualquiera de sus formas y con la atención dirigida en el sentido que decimos. Tomen un número cualquiera de tres dígitos por ejemplo y divídanlo por otro de dos dígitos. Pero al hacer esta operación no olviden el puño. Veamos: traten de dividir tres números por otros dos sin olvidar el puño que es como proponen determinadas corrientes religiosas, determinadas escuelas sicológicas. Traten de dividir pero no olviden el propio puño. Fíjense qué pasa, pasa que van del puño a la operación matemática, pasa que van saltando de un lado al otro y cuando la cuenta sale es porque se metieron en el problema y se olvidaron del puño. Sin embargo, con mucho esfuerzo, con mucho trabajo podrían llegar a lograrlo. ¿Pero se imaginan ustedes el tiempo invertido y el esfuerzo invertido? Tomen el mismo número, tomen el otro número que lo divide, hagan este cálculo matemático pero ahora con suma atención a la cuentas que están haciendo. No se preocupen del puño, preocúpense de poner suma atención a esa división que pedimos. Acá han sucedido por lo menos tres cosas. Primero que la operación va mas rápido, segundo que no hay contradicción entre lo que hacen y en lo que están pensando, tercero que advierten cuando se distraen.

Ustedes ingenuamente se hubieran dicho: “lo hemos hecho” o “no lo hemos hecho”. Pero ahora advirtieron al trabajar de este modo que se distraían. Por ejemplo advirtieron que un momento estaban y en otro momento no estaban trabajando correctamente. ¿Y cómo pudieron darse cuenta de semejante cosa? Pudieron hacerlo gracias a que estaban trabajando con la idea de la atención dirigida. Si han captado esto, han comprendido experimentalmente lo que significa la diferencia entre atención ingenua y atención dirigida. Esta atención dirigida es la que nos importa a nosotros en la vida cotidiana como estilo de vida.

Tal trabajo no nos crea contradicción en el mundo, tal trabajo no nos crea ambigüedad. Por lo contrario, lanza toda nuestra energía en una sola dirección, nos permite efectividad. Claro está que ahí participan otros intereses, depende qué cosas nos importen a nosotros hacer en la vida cotidiana. Seremos efectivos en aquello que nos importe aunque nadie nos pida efectividad. Pero eso es ya otra cuestión que nada tiene que ver con la presente. El punto que hace a las técnicas de la atención y en particular a la atención dirigida como estilo cotidiano, está ya esbozado.

Si tenemos comprendido este tema podemos pasar al siguiente.

Se refiere a la oración.

¿Han observado qué sucede cuando uno ora, cuando uno reza, cuando uno pide? Suceden muchas cosas. Pero antes de esto. ¿Por qué uno ora, o por qué uno pide, o por qué uno reza? ¿Solamente por la educación, que en algunos es cristiana, en otros es mahometana, en otros es judía, etc.?

¿Solamente por eso o porque existe en el hombre un mecanismo interno de pedido? ¿Acaso no hay gente de extracción atea que de todas maneras quiere que sus deseos se cumplan? ¿Gente que apela a conjuros, gente que apela a la superchería, a la pata de conejo, a lo que les guste, para que sus deseos se cumplan? Claro que eso no lo hacen invocando a ningún Dios, este mecanismo de pedido está no sólo en la raíz de la conciencia humana, está en la raíz de la conciencia animal. Tiene que ver con un fenómeno que nosotros llamamos tonicidad muscular.

La tonicidad muscular en términos muy generales se basa en lo siguiente: a toda imagen mental corresponde una tendencia corporal. Ejemplo: imagino una línea que va de izquierda a derecha en una pizarra. Estiro el brazo, si alguien empuja mi brazo en la dirección de la línea, va más fácil que en la dirección opuesta.

Veamos otro ejemplo: estamos jugando una partida de billar, lanzo la bola, quiero hacer carambola, la bola no llega y con mi cuerpo “empujo” y mi contrincante con su cuerpo “empuja” en sentido opuesto. La imagen es seguida por una tensión muscular.

Si ustedes imaginan la casa en que viven, según la ubiquen a diestra, siniestra o en otra dirección, van a ver cómo su cuerpo también va en la dirección en que imaginan la casa: tensión muscular y tonicidad muscular. De manera que según imagine una cosa o imagine otra, los músculos del cuerpo van a tensarse en esa dirección. Esto no es tan extraño, esto nos sucede a cada rato, nos sucede diariamente. Y entonces, la tendencia que nuestro cuerpo siga, las imágenes que nuestro cuerpo sigua, en ocasiones se plasman en forma de “pedido”.

Si ustedes imaginan a Dios muy por encima, a un Dios muy grande manejando todo el Universo, e imaginan al hombre pequeño en relación con este Dios, van a ver cómo todo el cuerpo tiende a desaparecer, tiende a achicarse, tiende a contraerse. En la medida en que Dios se agranda yo disminuyo. Sería un atrevimiento muy grande hacer un pedido a Dios poniéndome a su altura. Nadie puede tentar a Dios de ese modo. Dios va a conceder a mi humilde plegaria cuanto más humilde sea, cuanto mi actitud y mi unión correspondan más a ese pensamiento.

Por una parte Dios aumenta, yo disminuyo. Cuanto más grande es Dios, mayor debe ser mi humildad, mayor mi reducción. Por una parte eso. Pero por otra parte Dios está en los cielos. Como Dios está en los cielos, entonces mis ojos se van para arriba. ¿Y qué tienen que ver los ojos con esto? Ustedes recordarán las hazañas de la casta sacerdotal egipcia, que colocaban a 15 cm. de distancia aproximadamente una lanceta brillante delante de los ojos del paciente. Pero no sólo a nivel de visión, sino por encima del nivel. Esta lanceta brillante colocada por encima del nivel de visión hacía caer al paciente en un estado que luego investigó un señor Braid y que a partir de él se llamó “hipnosis”. Ciertos estrabismos oculares, cierta línea de visión lanzada sobre la horizontal normal, provocan estados mentales especiales. Ustedes habrán visto numerosos cuadros de santos y de místicos, en estados de éxtasis. Todos estos santos aparecen con los ojos hacia arriba.

Nosotros no estamos negando los estados de éxtasis, estamos observando el fenómeno mecánico de la tonicidad muscular que acontece cuando se coloca la divinidad afuera y se la coloca por encima. Esto es nuestra segunda cuestión de interés.

Veamos la tercera y veámosla con ejemplos: mi padre está enfermo (siento gran afecto por mi padre), mi padre está hospitalizado, yo deseo que mi padre se recupere. Como no tengo en las manos muchas posibilidades apelo a Dios. Necesariamente trato de conectarme con Dios del modo que hemos dicho. Empiezo a trabajar con la imagen de Dios para hacer el pedido y descubro al poco tiempo que me olvidé de mi padre y que quedé conectado con Dios. De tal manera que mi relación horizontal, la que existía básicamente con mi padre, aquella que me hacía lanzar un pedido, ha sido escamoteada por una relación de tipo vertical. Resulta que ahora mi padre ha desaparecido y ahora lo que ha aparecido soberanamente es la imagen de Dios y la relación vertical de Él conmigo. A ustedes no se les escapa (siguiendo ese mecanismo mental) de qué manera, verticalizando el pedido y escamoteando aquello primero que habíamos pretendido hacer, escamoteando esto, se va formando un sistema de estamento mental; a ustedes no se les escapa que es fácil introducir luego castas sacerdotales y todo un escalafón hacia lo divino.

De manera que en la raíz del hombre, en su tonicidad muscular, en su mecanismo de pedido, está aquello de que el cuerpo se dirija a su objeto. Cuando aparece Dios y este Dios es externo al hombre, nos referimos a El en sentido vertical y es escamoteado el sentido de nuestro pedido. Estableciendo ese sistema vertical es fácil organizar luego también, un sistema de castas que nada tiene que ver con nuestro pedido, y que sí tiene que ver con lo terrenal. No vamos nosotros a ponernos a discutir si detrás de esto ha habido una intención o si se ha ido produciendo espontáneamente. Cuando a Jesús se le pregunta por Dios, en un momento dado dice “Dios está en vosotros”, y eso sí tiene aire de familia. Pero en otro momento se le pregunta: ¿”y cómo debemos orar”? y él responde: “Decid así: Padre Nuestro que estás en los cielos”… esto ya es distinto. No está resuelto cómo es el sistema de la oración.

Cuando nosotros hablábamos de “oración” no apelábamos a ninguna divinidad externa, la considerábamos en su sentido psicológico, la considerábamos como una necesidad en el hombre, necesidad a la cual respondemos. Nosotros no negamos ni afirmamos la inmensidad de lo divino. Nosotros estamos hablando de la necesidad psicológica del hombre en determinadas circunstancias de su vida que lo llevan a orar. Cuando en el hombre surge la necesidad de orar, esta necesidad puede ser canalizada adecuadamente. No estamos hablando de una beatería o de una fantochada, en donde uno tenga que ponerse a orar para que las cosas le salgan bien. Estamos hablando de que en determinadas circunstancias de la propia vida, surge la necesidad de la oración, o la necesidad del pedido. Cuando el hombre se siente muy solo y cuando el hombre se siente en encrucijadas, y no sabe cómo resolver tales situaciones, siente la necesidad de orar. En esos casos, nosotros decimos: es interesante la oración en la medida en que sea un acto de bondad interna, un acto de reconciliación consigo mismo y un acto de unidad consigo mismo. Si mi padre está enfermo en el hospital y yo deseo su recuperación, surge en mí la necesidad de orar. Pero si yo me vuelco sobre mi mismo en un acto íntimo de bondad y de amor hacia mi padre y refiero la imagen de mi padre recuperándose, la relación que se establece entre él y yo no se pierde psicológicamente. Como estoy referido a él, todo mi cuerpo tiende a él y es mucho más probable que yo luego me preocupe por si le faltan medicinas o por si consigo antibióticos, o por algo que pueda hacer por él, antes que dejarlo referido a la divinidad que me hace olvidarlo.

Cuando nosotros entonces hablamos de oración, hablamos de oración interna que da unidad psicológica y que se refiere a aquello que tiene que ver con la vida cotidiana.

Dejamos de lado otros aspectos, de los cuales son tan amigos los ocultistas (aspectos tales como la energía parapsicológica que puede desplazarse en la oración).

Ordenemos un poco lo charlado hasta aquí.

Primeramente hablamos del trabajo de la atención, pasamos muy rápidamente por las distintas formas de la atención dividida y llegamos al trabajo de la atención dirigida. Ese fue un punto. Hablamos también de la oración y dijimos qué cosas no entendemos nosotros por oración y cuál forma de oración nos parecía adecuada.

Hablemos ahora de un tercer punto. El punto que se refiere a la Fuerza.

Ustedes saben, porque han trabajado con esto, que la fuerza es un fenómeno muy singular que de pronto se despierta en el hombre que se lanza en pos de ella.

Pero consideremos algunas cuestiones previas.

Sabemos que existen no sólo tres niveles de conciencia (aquél del sueño profundo, aquél del semisueño, aquél de la vigilia ordinaria), sino que hay otros niveles de conciencia que a veces se rozan. Ustedes por accidente han sentido un día una alegría muy súbita, o de golpe han logrado un estado de comprensión muy grande. También han leído que en todas las religiones hay fenómenos extraños de inspiración, de éxtasis, de arrebato, de reconocimiento, etc. Han visto que en algunas religiones primitivas (como el Vudú, o la macumba), la gente empieza a danzar con total pérdida de conciencia de sí, hasta que todo se convierte en motricidad pura y los sujetos experimentan que determinados espíritus los han “tomado”,

También ustedes han leído que algunas corrientes espiritas, trabajan con esto de que los espíritus se hagan cargo de un médium y hablen por boca de este médium.

En todas las religiones hay relatos extraordinarios acerca de la entrada de espíritus, acerca de la pérdida de conciencia, acerca de los fenómenos extraordinarios. Contemporáneamente están de moda formas refinadas de modificar los estados de conciencia, como sucede en la acción de drogas. Mediante la acción de drogas algunos hacen relatos extraordinarios de otros niveles, de otros estados, de una comprensión del mundo distinta. En efecto, estos estados existen. Pero sucede que en ninguno de esos casos (el de las religiones, y de la acción de drogas) hay control del fenómeno.

Nosotros hablamos de un trabajo conciente y los que han participado de aquello saben lo que es desatar esa energía interna, es decir: lograr un nivel de “despierto” mayor. Conocemos varias técnicas. Una de ellas tiene que ver con esto de la sensación interna en el pecho de una forma esférica que se va expandiendo hasta que de pronto se suelta el mecanismo de la energía y uno comienza a transitar por estados más concientes (no por estados de pérdida de conciencia, que es la línea de caída, esa línea que nosotros llamamos de lo “crepuscular”).

Hay otra técnica que se refiere a un trabajo con formas, pero no como lo hacen los orientales con sus “yantras”.

Hay otra técnica: no llenando la conciencia de contenidos, sino vaciando la conciencia de contenidos. Pongamos un ejemplo: Si estamos aquí reunidos y se les sugiere: “busquen adentro de ustedes mismos, aquello que han buscado durante toda su vida”, ustedes dirán: ¿pero qué cosa es la que tengo que buscar?, si tuviera que buscar un florero, o una imagen, o el corazón, por último, la cosa seria fácil. ¿Pero qué es esto de “buscar adentro de uno mismo lo que se ha buscado durante toda la vida? Eso no está claro. Pues bien, en eso se basa esta técnica, se basa en no sugerir un determinado objeto.

Si nosotros sugerimos un determinado objeto interno, el acto que se refiere a él se completa en él y se detiene. Si nosotros no sugerimos el objeto, sino que lanzamos un acto de búsqueda de algo que no sabemos qué es, se produce el siguiente fenómeno: aparece una imagen, un automóvil, por ejemplo, y digo: “no, esto no lo he buscado toda mi vida”, y aparece un perro, “no, esto tampoco”. Entonces sucede que todos los contenidos que surgen no son el objeto propuesto y voy reconociendo por eliminación que no se trata de ninguno de ellos. En rigor: no sé qué cosa es la que he buscado durante toda mi vida. Es un sentimiento profundo, es un sentimiento muy adentro de uno mismo, al cual se va llegando a medida que se descartan todos los contenidos y todas las imágenes a las cuales se está acostumbrado ordinariamente. Mediante este procedimiento de un vaciamiento de la mente, también surge de pronto el fenómeno que conocemos como la fuerza.

Y hay una cuarta forma que también es por vacío mental. Pero antes hagamos una pequeña digresión. Ustedes reconocen que hay personas capaces de imaginar muy bien un objeto y hay otras que no tienen capacidad para imaginar objetos. Hay personas que recuerdan muy bien las caras, hay otras personas en cambio que recuerdan las voces. Hay personas que aprenden mejor leyendo, hay personas que aprenden mejor escuchando. Estamos hablando de dos formas de memoria conocidas desde muy antiguo: la forma de memoria visual y la forma de memoria auditiva. Hay personas que tienen mejor memoria para las representaciones visuales y otras para las representaciones auditivas. Entonces sucede que algunos, los más visuales, pueden imaginar cosas y trabajar con ellas, pero los otros no las imaginan bien. Todos, visuales o no, pueden, concentrándose en sí mismos, escuchar los “ruidos” de la propia conciencia. No son ruidos a huesos, no son ruidos cerebrales; me estoy refiriendo a contenidos de conciencia que si uno los observa bien, es tal como si los escuchara.

No estamos hablando de casos patológicos, de alucinados que escuchan voces; estamos hablando de que a veces uno está en conversación consigo mismo, que uno recuerda conversaciones, etc. Pues toda esa cosa auditiva que trabaja dentro de uno mismo, ésa es la que nos interesa vaciar en la conciencia. Nos interesa entonces, atender estos sonidos. Comenzamos por escuchar estos sonidos. Vemos que entre sonido y sonido, entre contenido y contenido a veces se producen silencios y sigue la cantinela y sigue la “conversación”. Entre problema y problema surge un silencio. Este silencio es el que nos importa. Cuando nosotros trabajamos atendiendo al silencio provocamos también un vacío mental del mismo modo que lo hacíamos antes al descartar contenidos. Ahora al descartar sonidos mentales, descartamos no sólo sonidos, sino también imágenes visuales. Vamos atendiendo a ese vacío mental, a ese silencio mental, y en ese trabajo es cuando de pronto también sobreviene esto que conocemos como la Fuerza.

Todos los que han trabajado con esto, reconocen las distintas técnicas. Hay otras que no son tan sicológicas, que son un poco más extrañas, que parecen manejarse más en el plano de lo trascendental, acción de Fuerza externa que ahora, no nos vamos a poner a discutir.

Volviendo entonces a reconsiderar lo dicho y para redondear esta charla.

Cuando nosotros hablamos de Religión Interior, no estamos hablando de una forma organizada de culto, de sacramentos, de sacerdotes. Estamos hablando de un sentimiento religioso que tiene que ver con el trabajo interno. Y ese trabajo interno se maneja con tres técnicas. Una técnica (en la vida cotidiana) de atención dirigida; una técnica de oración en el sentido que hemos descrito, de oración replegada sobre si mismo y sin apelar a intermediarios, y por último, de ese trabajo muy ocasional que tiene que ver con el manejo de la fuerza.

A eso se remite todo lo que nosotros llamamos Religión Interior. Sucede que la palabra “religión” de todos modos crea problemas a muchos. Pues bien, si a alguien le crea problemas (no es cuestión de rótulos) se la elimina. Pero cada vez que nosotros escuchemos hablar de esa cosa de la “Religión Interior”, sepamos que no se está aludiendo a la divinidad, ni a la trascendencia supra humana, si no que se está destacando un sentimiento en el hombre; un trabajo en la vida cotidiana; un vivir en la tierra de nuestros semejantes. La Religión Interior está aludiendo a un acercarse cada día más al prójimo y también al Dios profundo, aquel dios que los griegos sin reconocer llamaron “el Dios desconocido”.

Nada más. Muchas gracias.