Conciencia, conducta, mundo

Puede entenderse el vocablo “Magia”, según las definiciones más o menos vagas que dan los diccionarios especializados, refiriéndose siempre, al conjunto de técnicas que usan ciertas gentes para operar en el mundo. Importa aquí estudiar esas técnicas, no como tales, sino en cuanto a expresión, en cuanto a conducta significativa de cierto tipo de conciencia mágica.

¿Cómo una técnica puede ser una conducta significativa? Kant distingue dos tipos de técnicas: a la técnica “intentionalis” nos referimos especialmente, así, la intencionalidad de la técnica mágica (magia) hace referencia a cierto tipo de conciencia (mago). Esta misma intencionalidad pone la relación a la conciencia en el mundo, la relaciona de un modo estructural.

Hay pues una forma de estar-en-el-mundo que bien puede designársela: Mágica.

Por fuerzas de esta situación, es el “mundo” quien toma caracteres mágicos. La conciencia mágica no afecta a una conciencia aislada, que como tal es inexistente, afecta a la estructura: yo y circunstancia.

Conciencia mágica – conciencia racionalista

En la conciencia racionalista, la creencia en el poder de la razón, tiñe emotivamente toda la vida del hombre. Basta reemplazar la creencia “magia” por la creencia “razón” para que el “mundo” asuma nuevos caracteres y se tiña de nuevas emociones. Como puede verse es el futuro que se trata de aprehender, el que pone el ámbito de los proyectos, al que se lanza la conciencia con sus proyectos concretos. Desde el punto de vista de la protensión, estas dos formas de pensamiento (mágico y racional) no son distintas; aquí el futuro aparece de un modo más o menos claro, pero siempre puede ser modificado en la dialéctica: actualización-retención-protensión. O sea, en la dialéctica propia del tiempo de la conciencia inmanente. Las dos conductas (la del mago y la del racionalista) están teñidas por cierto tipo de emociones que dejan libertad operativa. El mago es: un corazón frío con ojos afiebrados, y el racionalista: cálido de corazón pero con los ojos fríos; por lo menos así se ven ellos. No podemos negar que en ambos encontramos un sistema “coherente” de pensamientos. Es la actividad sintética de la conciencia la que realiza tal “coherencia”.

Así, el racionalista, interpretando al mago desde su “coherencia”, deja escapar la de aquel y califica de errónea su creencia.

Creencia

(La creencia es aquello de lo que no tenemos idea y que no discutimos, porque no conocemos). La creencia es el núcleo antepredicativo de la conciencia.

Hay momentos en la historia en que la Creencia se desplazan, (este desplazamiento es el que da perspectiva para luego discutirla), y se convierte según la óptica en “errores de otros tiempos”. ¡Como si las creencias pudiera ser legítimamente apreciada, en función de juicios lógicos!

La creencia no es errónea ni verdadera, es (desde otro punto de vista), “cierta”. Es simplemente, el suelo nutricio al que arraiga la estructura humana. La creencia es neutra.

Dos tipos de creencia mágica

Pero aquí es necesario distinguir no ya la conciencia mágica y la conciencia racionalista, sino entre dos tipos de conciencia mágica, más separadas entre sí, que las dos anteriores. Al primer tipo de “mago” corresponde Juliano (de la época de M. Aurelio); es el técnico que actúa sobre los dioses. Su pensamiento es el que hemos descrito hasta aquí y que puede formularse del siguiente modo: “PUEDE OBLIGARSE A LA REALIDAD”.

Al segundo tipo corresponden Baudelaire, Rimbaud, Strimberg y Paul Klee. Su pensamiento puede formularse así: “LA REALIDAD OBLIGA IRREMISIBLEMENTE”. Aquí se está en una situación armada. La rata es prisionera del destino. Klee escribe en sus cuadernos: “…son los objetos los que ahora me están observando”. Su obra se titula “Carrés mágiques”. Esta actitud que hoy comienza a generalizarse, es lo que importa interpretar.

El mundo mágico y la percepción de lo mágico

No se trata ya de una técnica más o menos controlada lanzada al mundo, sino de una “situación mágica”, en el que se come, se ama y se odia. El mundo sordo que se manifiesta de pronto en la silenciosa violencia de la medianoche. Que se “siente” inevitablemente en aquella luz amarilla, en los espejos que acechan en la llovizna, en las calles empedradas desiertas, donde algún árbol es el “médium” que traduce la viscosidad de ese mundo y le da entidad física perceptible.

El correlato orgánico de la conciencia mágica es la piel, el sentido idóneo, el tacto. Se trata de una percepción límite que permite separar al cuerpo del contorno.

6
Miedo, rito, avance de lo miedoso

El miedo es lo que se siente a través de la piel. Ese miedo hace referencia a aquello que “se desliza por atrás y atrapa sorpresivamente”. Aparece el acto ritual, pero no acaba con el miedo, sino para degradar lo miedoso. La conciencia está atrapada.

Esquematicemos. Primeramente se pretende operar sobre el mundo, por medio de puros actos de conciencia, el cuerpo queda relegado, inactivo. Luego se siente en el mundo la propia actividad que falta al el cuerpo. En tercer lugar la conciencia inventa un acto (rito) para que el cuerpo impida el avance de lo miedoso. Por último, el rito cobra valor propio, se dosifica y se mantiene en reserva, a la espera de nuevos combates. Así, con la conducta o con el objeto ritual, se pone nuevamente el “mundo mágico” que sólo espera la oportunidad de manifestarse. La conciencia atrapada, necesita impedir el “avance” (por lo tanto la “venida”) de lo miedoso. Esto hace referencia al futuro.

El futuro inmóvil

Para el mago de otras épocas, dijimos que era posible cierta libertad operativa y que, el futuro más o menos claro, podía modificarse por la dialéctica del tiempo de la conciencia inmanente.

Para el mago de hoy, el mago cotidiano (el hombre común que lee el Horóscopo), el destino ha trazado situación, y sólo queda obedecer sin remedio, esto es: NO IR CONTRA EL DESTINO. EL FUTURO NO PUEDE SER MODIFICADO. ALLÍ ESTÁ COMO UNA ESENCIA INMÓVIL.

Desconexión

Entre la conciencia y el mundo-utensilio.

¿En qué momento el mago queda encerrado en su propia trampa?

En el primer momento. En el momento en que pretende operar sobre el mundo de los utensilios con artificios estrictamente mentales. Operar en el mundo-utensilio significa operar físicamente, y esto es lo que el mago niega.

Esta desconexión primaria entre la conciencia y el mundo-utensilio crea el ámbito de la situación mágica.

Creencia y conducta

Ese creer en el poder de la conciencia, ese creer que la revolución se producirá por el sólo acto de pensarlo, esa creencia de que: no moriré porque no lo quiero, está en la base del fenómeno mágico. De este modo el poder mágico del pensamiento se explica desde cierta creencia particular. Esta creencia no es necesariamente mágica, como a primera vista puede pensarse. La situación mágica se producirá según la existencia de cierta creencia en la conciencia del futuro mago.

Sartre, en “Esbozo de una teoría de las emociones”, escribe: “…pero la conducta emotiva no está sobre el mismo plano que las otras conductas, ella no es efectiva. No tiene por finalidad obrar solamente -sobre el objeto como tal- por la interposición de medios particulares. Trata de conferirle al objeto, (por sí misma y sin modificarlo en su estructura real) otra cualidad, una menor existencia o una menor presencia, (o una mayor existencia, etc…) En una palabra, en la emoción, es el cuerpo el que, dirigido por la conciencia, cambia sus relaciones con el mundo, para que el mundo cambie sus cualidades. Si la emoción es un juego, es un juego en el que creemos”. Y más adelante: “…la verdadera emoción es completamente otra: se acompaña de creencias. Las cualidades intencionales sobre los objetos, son tomadas como verdaderas. Parece cierto que la degradación de la conducta frente a las cosas, crea el ámbito de una situación que será conformada mágicamente, por cierto tipo de creencia”.

En el “Si yo no voy a la montaña…” está la degradación de la conducta, y en aquello de: “…que la montaña venga a mi”, está la situación armada, según la creencia mágica.

Pero esta conducta nos habla de una magia que conserva su energía sobre la realidad, y en la que el individuo no tiene cerradas todas las puertas.

La conciencia racionalista estrecha más el círculo de la libertad, al desplazar a la anterior. No obstante, aquella, como ésta, podrá gozar de cierta ilusión, de cierto control sobre el futuro.

Algo muy distinto sucede o sobreviene al ser desplazados por la conciencia mágica cotidiana. El sujeto se ahoga y la desilusión cubre todo. El futuro no puede controlarse, cuanto más podrá interpretarse al futuro como Destino; y él compondrá las situaciones del miserable existir. Digamos que la conducta crea el ámbito que ha de conformar la “creencia mágica”.

El rechazo del mundo y fuga

La conducta, sin embargo, expresa a una conciencia que: en primer acto no es mágica. Esta situación de la conciencia en el mundo (acto anterior a la magia), es la situación de “rechazo del mundo”. De negación del mundo, tal cual es.

“La circunstancia debe ser salvada para salvarme yo”, es rechazada. El cuerpo se fuga dolorosamente, como los cuernos del caracol, al tomar contacto con los objetos.

Fuga y compromiso con la realidad del mundo

El rechazo del mundo es la clave de la “conducta fugada”. El fugado se perderá en devaneos inoperantes, y su historia será, según los casos, la del: 1) artista; 2) intelectual; 3) actor. El fugado no puede comprometerse con nada ni con nadie, su rostro es el del traidor, rechazado el mundo, sus encantamientos rituales serán constantes intentos de impedir que la Realidad lo ligue afectivamente. El avance de la Realidad hacia él (en el caso extremo de la situación-límite) se hará tan intolerable que, únicamente el desmayo podrá ser rito efectivo ante el Miedo. Su infidelidad y su inconstancia son sus cargas, y ese peso ha de atribuírselo al Destino. Su teoría es el Determinismo, y su enemigo jurado, el “Hombre Libre”. El Hombre Libre le da miedo. Lo siente a través de la piel. He aquí lo que implica el crecimiento de la magia en nuestros días. Nos habla de conciencias sin salidas, desilusionadas, SIN FUTURO. Nada hemos dicho del “rechazo del mundo”, nada sobre nuestra circunstancia cada día más dolorosa. Las consideraciones sobre esto nos llevarían demasiado lejos. No obstante, formularemos la pregunta y la dejaremos sin contestar: ¿por qué el creciente rechazo del individuo hacia el mundo actual?

Fuga y magia, la fuga social

La fuga vuelve al mundo convertida en magia. Se entiende la “conducta fugada” de un primer momento, se manifiesta luego el RITO. Las exigencias de esta conducta son cubiertas hoy, por las respuestas que empieza a dar toda una sociedad en fuga. Esto es lo grave de la situación actual: “la conducta fugada”, la conducta social amenaza con fugarse en bloque. Pronto el mundo será realmente mágico. De aquí a la imposición del Rito Colectivo hay un paso…. y se impondrá el rito que mejor traduzca las exigencias de la fuga actual.

Los síntomas del Rito Colectivo: los amuletos, los libros de ocultismo, los horóscopos, la quiromancia, la introducción de cultos extraños, etc… El sonriente panzón protege sus ganancias con una pata de conejo. Los reumáticos compran rarísimas pulseras imantadas. Los novios se regalan llaveros con signos zodiacales, los adivinos aumentan en número y prestigio. El joven comunista resuelve sus problemas amorosos emborrachándose, porque la varita mágica del partido no soluciona ya todos los problemas personales… hay que cambiar de ritos. El alcohol y la droga, dos formas muy viejas de encantamiento, hoy se abren paso con vigor ejemplar. Las revistas, los periódicos, la radio y la televisión informan a la buena gente (día por día) sobre el curso de los acontecimientos, sobre la conveniencia o no de los negocios, o el amor, sobre el curso de los astros… Extraños cultos y ritos absurdos cobran adeptos.

En fin, quienes hayan visto zodíacos en la torre Eiffel, y en las balanzas de Lisboa, en Zurich, en Bogotá y Lima, quien se haya asombrado en Bruselas, en Amsterdam, en Las Canarias y en Río, por esas librerías plagadas de material ocultista, tal vez se diga: “Roma declinaba y el Imperio crecía en superstición”. ¿Qué relación guarda aquello con esto que hoy sucede?