Estaba sentada frente a la mesa de acrílico transparente, apoyando las dos manos sobre una carpeta oscura. Impresionaba su extrema delgadez y ese pelo negro azabache que cubría una parte de su rostro. Mantenía los párpados cerrados, pero estos vibraban nerviosamente.

‑Señora Tolmacheva ‑dijo un hombre grueso mientras acomodaba sus mostachos, hundido blandamente en el sofá ‑, señora Tolmacheva, trate de ver la escena que inspiró la redacción de ese memorándum.

‑Es una pirámide, o un cristal. Un prisma tal vez. Tiene luz en su interior ‑pasó un tiempo en silencio y luego agregó sonambúlicamente ‑: lanzan un cohete contra la pirámide. El cohete entra y desaparece… el cohete sale ahora retrocediendo. No sé… no sé. Puede ser un rayo de luz. Si, entra un rayo y la pirámide se ilumina con los colores del arco iris…

‑¿Que tamaño tiene la pirámide? ‑interrogó otro hombre, parado atrás del mostachudo Nietzsky.

‑No sé… no sé… puede ser pequeña. Tal vez no sea más grande que un cristal, un rubí.

El hombre que estaba de pie se acercó a Nietzsky y susurro en su oído: ‑O esta describiendo el ensayo de Newton sobre la descomposición de la luz, o está hablando de un aparato del tipo láser. La acción de retroceso, podría ser el movimiento inverso de las aspas por acción de la luz, en el radiómetro de Crookes.

‑Trato de meterme en el cristal. Hay una luz muy fuerte, no es como todas las luces… es distinta. Oigo una voz que dice: «No debes entrar» ‑siguió describiendo la Tolmacheva. Luego, separó sus manos de la carpeta y tapo su rostro ‑. Me veo a mi misma, cuando era niña… Me veo a mi misma. La luz me expulsa del centro de la pirámide. Retrocedo, retrocedo y voy saliendo hacia atrás a gran velocidad.

‑No se deje expulsar, entre nuevamente. Cuéntenos que hay ‑dijo el hombre en pie.

‑Estoy avanzando otra vez. «No debes entrar», me dicen. Me veo a mi misma. ¡Oh! ‑exclamo la mujer y entre sollozos continuó: ‑ Estoy loca. He perdido el juicio. Me expulsan…

La Tolmacheva se había levantado y temblaba de pies a cabeza como si una visión de horror la hubiera atrapado. Entonces, los dos hombres se acercaron a reconfortarla.

Venga, señora ‑dijo Nietzsky solicito ‑ en la sala contigua, están listos para atenderla. Gracias, muchas gracias, señora Tolmacheva.

Tomándola con suavidad, el hombre la encaminó hasta una puerta que se abrió en ese momento dejando ver a otra mujer que se hizo cargo de la vidente. Luego, la puerta se cerró.

‑Es siempre la misma historia. Cien veces hemos hecho la prueba con el mismo resultado ‑dijo Nietzsky, volviendo al sofá ‑. Esta vez, lo trajimos a usted para que dictaminara de acuerdo a su especialidad. Le recuerdo que en las sesiones anteriores tuvimos otros expertos que dieron su interpretación, cada cual más disparatada. ¿Bueno, que opina?

El interlocutor estaba ocupando la silla que abandono la Tolmachevay desde allí, explicó en tono petulante:

‑Yo creo que se trata de un sistema láser. Descartemos la fantasía de un cuerpo kilométrico y de cohetes que entran y salen.

‑Eso de que son «fantasías», no es problema suyo. Para hablar de ello tenemos a otros expertos. Usted interprete desde el punto de vista de la Física ‑Nietzsky reflexionó un instante y luego agrego ‑. Excúseme. Es que en el memorándum se habla de un sistema para desactivar misiles y le aseguro que la Tolmacheva nunca leyó el texto. Siempre se limitó a tocar las tapas de la carpeta. Le ruego que me participe su opinión.

‑Bien ‑dijo el físico ‑, Todo lo que escuche de ella, me hizo recordar las experiencias de Basov.

‑Premio Lenin y Nóbel de Física, ¿no es así? ‑interrumpió Nietzsky.

‑En efecto. Junto a Zubariev, Efinkov y Grasink, logró en mil novecientos sesenta y siete, acelerar la velocidad de la luz a mas de dos millones de kilómetros por segundo. Con ello rompió la teoría einsteniana de ‑la velocidad límite. Las experiencias fueron realizadas en el laboratorio de radiofísica cuántica del Instituto Físico Lebedev de la Academia de Ciencias de la URSS. ¿Qué le parece?

‑Me parece muy bien ‑repuso Nietzsky con impaciencia.

‑Basov lanzo un rayo superlumínico sobre rubíes en serie previamente cargados y así aceleró la velocidad de la luz nueve veces. Cuando su discípula…

‑¡No es mi discípula! ‑interrumpió el otro con fastidio, para agregar ‑: Es una persona de experimentación notablemente dotada en los trabajos paranormales. Todavía no hay conciencia de nuestras investigaciones en la U.R.S.S.

‑Bien, bien ‑siguió el físico‑. Cuando la señora contó que era lanzada con un rayo al interior del cristal y allí se vio en una etapa infantil de su vida, es posible que haya descrito una experiencia similar a la de Basov, en la que aquel estuvo trabajando con el tiempo. Podría tratarse de experiencias de avance o retroceso en el tiempo, apoyadas en la aceleración de la luz. Por ello, la imagen de un cuerpo kilométrico que se contrae, o a la inversa, creo que es una fantasía pero que refleja el hecho de la modificación del espacio en función de la velocidad.

‑En resumen: ¿que interpreta usted?

‑Interpreto que su… digamos, «sujeto», ha captado una experiencia mediante la cual se podría efectuar algún desvío en el tiempo. Eso, por supuesto, siempre que la señora Tolmacheva no se equivoque. Y, si esta en lo cierto, lo siento mucho por ella.

‑¿Por que? ‑demando Nietzsky.

‑Porque ‑concluyo el físico ‑al entrar nuevamente en el cristal dijo que había enloquecido y eso, tal vez, se refiera a su propio futuro.